Nuevo jugador al campo del consumo compulsivo de alcohol: GIRK3

Hace poco se publicó en PNAS un artículo en el que se revela por primera vez un componente molecular esencial en la respuesta al etanol. Concretamente, en lo que respecta al comnsumo compulsivo (binge drinking). Los investigadores descubrieron que la eliminación del gen que codifica para esta proteína estimula el consumo de etanol y previene la señalización de las propiedades reforzantes de esta sustancia.

La proteína en cuestión es una subunidad de la familia canales correctores del flujo de potasio dependiente de proteina G (GIRK, del inglés «G protein-coupled inwardly-rectifying potassium channel»).

Los canales GIRK se distribuyen por todo el sistema nervioso y participan en la reducción de la excitabilidad neuronal. Es decir, disminuyen la probabilidad de disparo de las neuronas. Estudios en células aisladas han demostrado que el alcohol (etanol) puede activar directamente los canales GIRK. Sin embargo, no se sabía si esta acción era relevante en las conductas asociadas a esta droga.

En el estudio liderado por Candice Cotet, los investigadores decidieron centrarse en la subunidad GIRK3, la cual ha demostrado previamente modular el efecto de otras drogas, como el GHB 1 o la cocaína 2. Para ello, utilizaron ratones mutantes carentes del gen que codifica para esta proteína.

En un primer momento, se administró por vía intraperitoneal 2 g/Kg de etanol a ratones mutantes y control. Encontraron que la eliminación de GIRK3 no afecta al metabolismo del alcohol, la tasa de eliminación ni tampoco la sensibilidad a la intoxicación. Asimismo, tanto los ratones carentes de GIRK3 como los controles presentaban similar respuesta a la pérdida de equilibrio, somnolencia y disminución de la temperatura corporal tras la inyección.

Lo que sí se vio alterada, en cambio, fue la excitabilidad inducida por la retirada; concretamente, a la baja.

Diferencias entre ratones carentes de GIRK3 (KO, blanco) y control (WT, negro) en (B) niveles de etanol en sangre, (C) pérdida de equilibrio, (D) somnolencia, (E) temperatura corporal y (F) excitabilidad por retirada (Fuente: Herman et al., 2015)

Diferencias entre ratones carentes de GIRK3 (KO, blanco) y control (WT, negro) en (B) niveles de etanol en sangre, (C) pérdida de equilibrio, (D) somnolencia, (E) temperatura corporal y (F) excitabilidad por retirada (Fuente: Herman et al., 2015)

En un segundo experimento se examinó si la falta de GIRK3 afecta al consumo voluntario, para lo cual se utilizaron tres protocolos: elección de botella (agua o etanol, disponible dos horas al día), acceso continuo (etanol ad libitum) y acceso restringido (etanol, disponible durante cuatro horas).

Los resultados muestran que tanto en el paradigma de elección de botella como en el de acceso restringido, los ratones carentes de GIRK3 consumían significativamente más etanol que los ratones control. Además, la mayor parte del aumento en el consumo se producía en los intervalos iniciales tras la presentación del alcohol, lo que es coherente con lo que se observa en el consumo compulsivo.

GIRK3Etoh2

Diferencias entre ratones carentes de GIRK3 (KO, blanco) y control (WT, negro) en consumo de etanol bajo un paradigma (B) de elección de botella, (C) acceso continuo y (D) acceso restringido (Fuente: Herman et al., 2015)

Aparte, por la comentada relevancia de GIRK3 en la modulación del efecto de otras drogas, y la implicación del sistema dopaminérgico mesolímbico en la respuesta de incentivo, el grupo de Cotet decidió estudiar más a fondo este grupo de neuronas en los ratones mutantes.

Por un lado, se fomentó la expresión de esta proteína en la región del área tegmental ventral (ATV) tanto en los mutantes de GIRK3 como en los controles, y se logró que ambos grupos disminuyeran su consumo de etanol en las fases que previamente parecían mostrar un aumento mayor en la ingesta. Por otro lado, se observó que la ausencia de GIRK3 inhibe la activación de las neuronas dopaminérgicas del ATV que normalmente estimula el consumo de alcohol.

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(E) Diferencias entre ratones carentes de GIRK3 (KO, blanco) y control (WT, negro) pre- y post-administración de GFP o estimulante de la expresión de GIRK3; (F) Marcaje de neuronas en ATV con expresión de GIRK3 (Fuente: Herman et al., 2015)

Los resultados recogidos en este estudio son muy interesantes. Entre otras cosas ya que, como comentaba al principio, las particularidades del etanol lo convierten en una droga difícil de estudiar en muchos aspectos (lo sé bien). Cada investigación que sale aportando algo para descifrar el código, es un avance. Sobre todo si se tiene en cuenta que el alcohol (junto al tabaco) 3,4 son dos de las drogas de abuso que más perjuicio y gasto causan en la sociedad, por lo que comprender cómo funcionan y ser capaces de desarrollar estrategias para disminuir su impacto es esencial para la salud pública.

Más horas de trabajo, más consumo de alcohol

Un estudio reciente afirma que el consumo de alcohol está directamente vinculado al número de horas de trabajo por semana.

El metanálisis, publicado en BMJ y que incluye 61 estudios de 14 países (el más extenso realizado hasta la fecha), revela que las personas con más de 48 horas de trabajo semanales a la espalda consumen significativamente más alcohol y presentan un 11% más de riesgo de desarrollar problemas de alcoholismo, en comparación con las personas que tienen una jornada de 40 horas semanales.

El estudio también examina por primera vez la probabilidad de que gente que comienza a trabajar en este horario prolongado adquiera hábitos de consumo de riesgo. En concreto, parece que con un rango de entre 49 y 53 horas de trabajo semanales, el riesgo de aparición de consumo peligroso aumenta un 13%.

A pesar de que existen varios estudios que relacionan las horas de trabajo con hábitos de vida poco saludables (como el consumo de alcohol o la falta de ejercicio físico), es la primera vez que los resultados de estos se combinan con datos registrados no publicados.

En este sentido, uno de los resultados que me han parecido más interesantes es que la relación que remarca el estudio es independiente de aspectos como el género, la región geográfica, o el estatus socioeconómico; todos ellos a priori factores de confusión que podrían sesgar la interpretación de la información recogida. La potencia de las revisiones sistemáticas es siempre algo a tener en cuenta, pero en ocasiones, por el propio tema que revisan, pueden incurrir en este tipo de sesgos. Por eso creo que los datos y evidencias que aporta el trabajo de Marianna Virtanen y colaboradores son tan relevantes.

La directiva de la Comisión Europea sobre las condiciones laborales limita el número de horas semanales a un máximo de 48. Por experiencia sé que ese límite no se cumple en muchos casos, incluso conociendo el efecto perjudicial que esto puede tener para los trabajadores. Estudios como este añaden más evidencia y peso a la lucha por unas condiciones que permitan conciliar la vida laboral y personal sin poner en riesgo la salud. Pero tengo la impresión de que en lugares como España esta información cae en saco roto. Y es una pena porque es actualmente uno de los países de Europa donde más horas se trabaja (aunque no oficialmente) y donde más cultura del alcohol existe.