Carta sobre la justicia y el debate abierto.

Hace poco, un amigo llamó la atención sobre una carta abierta publicada en la revista Harper’s, con el título «Carta sobre la justicia y el debate abierto» (traducción propia).

No suelo publicar artículos ni reflexiones sobre temas sociopolíticos en el blog. En realidad, creo que soy poco polémico en todas mis redes sociales, salvo contadas excepciones. Intento mantenerme al margen porque considero que muchos de los temas tratados son de una importancia y complejidad inabarcables mediante un intercambio de tuits.

No obstante, la carta en Harper’s, que me he tomado la libertad de traducir (lo mejor que he sabido y podido) y aquí comparto, recoge muy acertadamente varios pensamientos propios acerca del contexto en el que nos encontramos. Creo que es un texto interesante y quería compartirlo.

Aquí tenéis la publicación original.

A continuación, la traducción.

«Carta sobre la justicia y el debate abierto.

Nuestras instituciones culturales están a prueba. Las fuertes protestas por la justicia racial y social están derivando en demandas hacia una reforma policial pendiente desde hace tiempo, junto con llamamientos más extensos para una mayor igualdad e inclusión en nuestra sociedad; especialmente en la educación superior, el periodismo, la filantropía y las artes. Pero este necesario ajuste de cuentas también ha intensificado un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos que tienden a debilitar nuestras normas sobre el debate abierto y la tolerancia a las diferencias en favor de la conformidad ideológica. Mientras aplaudimos el primer desarrollo, levantamos nuestras voces contra el segundo. Las fuerzas antiliberales están ganando fuerza en todo el mundo y tienen un poderoso aliado en Donald Trump, quien representa una amenaza real para la democracia. Pero no se debe permitir que la resistencia se enquiste en su propio dogma o coacción, de las cuales se están aprovechando ya los demagogos de la derecha. La inclusión democrática que queremos sólo se puede lograr si alzamos nuestra voz en contra del clima intolerante que se ha establecido en ambos lados.

El libre intercambio de información e ideas, el alma de una sociedad liberal, se está volviendo cada vez más restringido. Si bien esto era de esperar en la derecha radical, la censura también se está extendiendo ampliamente en nuestra cultura: intolerancia a puntos de vista opuestos, un aumento de la humillación pública y el ostracismo, y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas con una certeza moral cegadora. Defendemos el valor de un discurso contrario firme, e incluso cáustico, desde todos los sectores. Sin embargo, actualmente es demasiado común escuchar llamamientos a tomar severas represalias rápidamente en respuesta a lo que se percibe como transgresiones en el habla y la opinión. Y lo que es aún más preocupante, los líderes institucionales, a modo de control de daños en pánico, están aplicando castigos apresurados y desproporcionados en lugar de reformas concienzudas. Editores son despedidos por dirigir piezas controvertidas; libros son retirados por presunta falta de autenticidad; periodistas que tienen prohibido escribir sobre ciertos temas; profesores investigados por citar trabajos de literatura en clase; un investigador despedido por distribuir un estudio académico revisado por pares; y jefes de organizaciones expulsados por lo que a veces son simples errores o torpezas. Cualesquiera que sean los argumentos en torno a cada incidente en particular, el resultado ha sido estrechar constantemente los límites de lo que se puede decir sin la amenaza de represalias. El precio de una mayor aversión al riesgo ya está siendo pagando por escritores, artistas y periodistas que temen perder su forma de ganarse la vida si se apartan del consenso, o incluso si no están lo suficientemente de acuerdo.

En última instancia, esta atmósfera sofocante dañará las causas más vitales de nuestro tiempo. Restringir el debate, ya sea por parte de un gobierno represivo o de una sociedad intolerante, perjudica invariablemente a quienes carecen de poder y hace que todos sean menos capaces de participar democráticamente. La forma de derrotar las malas ideas es mediante la exposición, la discusión y la persuasión, no tratando de silenciarlas o deseando que desaparezcan. Rechazamos cualquier elección falsa entre justicia y libertad, ya que no puede existir la una sin la otra. Como escritores, necesitamos una cultura que nos deje espacio para la experimentación, para tomar riesgos e incluso cometer errores. Necesitamos preservar la posibilidad de estar en desacuerdo bienintencionadamente sin afrontar consecuencias profesionales nefastas. Si no defendemos precisamente aquello de lo que depende nuestro trabajo, no deberíamos esperar que el público o el estado lo defiendan por nosotros.»

Necesariamente, existen limitaciones que obligan a contextualizar el contenido de este escrito. No es la misma situación la que se vive en EE.UU. que la que existe en otros países y continentes. Sin embargo, la historia sugiere que tarde o temprano, las tendencias norteamericanas llegan a nuestras costas. Tanto buenas, como malas. Y mi sensación es que en el último par de años parece que esta tendencia se acerca por el horizonte.

Creo que como sociedad tenemos estamos en un momento y en una situación que nos brinda una oportunidad de adelantarnos a un escenario como el que se describe arriba. Si yo fuera alguien, hoy firmaría esta carta.

Gracias por venir

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La mayoría habréis notado que el ritmo de publicación ha bajado este último mes. Para ser justos, ha disminuido de manera inversamente proporcional a la cantidad de trabajo que he ido acumulando. Y la cosa no parece ir a mejor.

Yo siempre he defendido que un blog se sustenta gracias al ritmo. Este octubre haría cinco años, y en todo ese tiempo, a la gente que he conocido que rondaba la idea de hacer un blog, le decía lo mismo : «lo importante es el ritmo». Lo aprendí de un buen amigo en su etapa bloguera, y es una máxima que me ha acompañado siempre a la hora de afrontar este pequeño cuaderno de inquietudes. Sin embargo, me veo incumpliendo mis propias directrices.

Como muchos habréis deducido en este punto, este es mi adiós a Como decíamos ayer… . O, como se suele decir, tal vez un hasta luego.

Sea como sea, no es la primera vez que pienso en dejarlo. Ha habido temporadas de sequía anteriormente, aunque siempre salía con alguna cosa que (creo) merecía la pena comentar. Pero en este momento el tiempo que el blog requiere lo preciso para otras cosas.

Así pues, ha sido un placer tenerlos como público, fieles seguidores (aunque sólo comenten las entradas los mismos ;-b). Muchas gracias a todos por vuestra fidelidad. Me voy con la ilusión de pensar que en algún momento he ayudado a divulgar algo este precioso y complejo mundo que es la ciencia; que alguna vez pude sorprender, alegrar, o servir de ayuda a alguien. Me voy con la cabeza bien alta y lleno de gratitud =).

Para saber por dónde voy, querido lector, mi cuenta de Twitter. Para todo lo demás, dame un silbidito…

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