Los mejores artículos de 2015

2015

Con el fin de año a la vuelta de la esquina, la publicación de listas que recopilan lo mejor, lo peor y lo más variopinto del año es todo un clásico.

Nature no se queda atrás y recopila en un reciente artículo las piezas más populares de este 2015 que ya acaba. Seguramente haya muchos más por allá afuera, pero la verdad es que la selección de la revista es bastante interesante.

A ver qué os parece.

  1. El frágil marco. Un cómic que examina los 25 años de lucha por un tratado sobre el cambio climático.
  2. El sexo, redefinidoLa idea de dos sexos es simplista. Según los biólogos, existe un espectro más amplio que esta dualidad.
  3. Física cuántica: ¿qué es real realmente? Experimentos que exploran las raíces de la rareza cuántica.
  4. La búsqueda 24/7 de terremotos asesinosSeismólogos que trabajan a contrarreloj para identificar grandes terremotos a lo largo de todo el mundo.
  5. Cómo los científicos se engañan a ellos mismos – y cómo pueden evitarlo.  La preocupación creciente por la reproducibilidad de la ciencia dirige la lucha contra el autoengaño.
  6. El mayor misterio de las matemáticas: Sinichi Mochizuki y la prueba impenetrable. Un matemático japonés asegura haber resuelto uno de los problemas más importantes de su campo. Pero nadie es capaz de demostrar si está en lo cierto.
  7. La pelea en lo alto de la montaña por el telescopio de 30 metros. Los planes para construir uno de los telescopios más grandes del mundo en Mauna Kea (Hawaii) están envueltos en conflicto. Cuatro personas implicadas explican porqué. 
  8. CRISPR, el disruptor. Una poderos tecnología capaz de editar genes es el mayor avance de la biología desde la PCR. Pero su enorme potencial conlleva apremiantes preocupaciones.
  9. Investigación en envejecimiento: de sangre a sangre. Modelos animales demuestran que sangre joven es capaz de rejuvenecer tejido viejo. El objetivo ahora es comprobar si funciona en humanos.
  10. El boom de la miopía. La miopía está alcanzando proporciones epidémicas. Ahora los investigadores creen saber la razón.

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¿Quizá un top 10 de artículos del blog este año?

Come menos y muévete más

Para muchos, muchísimos, la obesidad tiene una solución muy sencilla: comer menos y moverse más. Es el dogma del balance energético que tanto se ha preocupado la industria alimentaria de fomentar durante las últimas décadas. Lo único que importa es si gastas más energía de la que consumes.

Que es otra forma de decir: si estás obeso es culpa tuya.

Sin embargo, gracias a que a pesar de todo los estudios mejoran, los datos son cada vez más numerosos y todavía hay científicos bien, se sabe que esta ecuación no es tan simple 1.

No existe forma fácil de explicar de forma conjunta todos los factores que pueden afectar al desarrollo y mantenimiento de la obesidad. Pero me ha parecido que esta infografía publicada por la Obesity Society da una imagen bastante aproximada de la magnitud del problema al que cada vez se enfrenta más gente.

Para empezar, se deben considerar dos grandes categorías: variables intrínsecas y variables extrínsecas. A parte, tres factores transversales: ingesta, balance y gasto energético.

No me voy a parar en detalle a elaborar cada uno de los componentes que contribuyen a la obesidad. Para ello hay gente mucho más capacitada que yo. Sólo quiero mencionar que ninguna condición de las mostradas en ese cuadro se puede considerar de manera aislada, por lo que deja de estar únicamente bajo el control de la persona. Esto quiere decir que la fuerza de voluntad y la conducta proactiva (elegir mejores opciones alimenticias, cocinar uno mismo su comida, etc.) pueden no resultar efectivas siempre, dada la complejidad de las interacciones posibles.

No digo que la obesidad sea un camino sin retorno. En absoluto. Existen intervenciones exitosas. Y cuando uno se pone a ello, se es capaz de recuperar la salud y mantenerla. Pero no me refiero aquí a la obesidad de una persona en concreto. Hablo de la obesidad como problema global. Es necesario un cambio radical en la aproximación, una implicación real de los responsables de las políticas de sanidad y una pérdida de codicia de la industria que superponga la salud al beneficio económico.

Curar la obesidad no es sólamente una cuestión de hacer dieta. Y si te lo parece, echa un vistazo de nuevo al cuadro de arriba. Pero que venga por favor un ejecutivo de Unilever a explicarme qué sencillo es todo.

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Nota: Llegué a esta imagen gracias a este retuit de @nacho_zizou:

 

Ein neues Forschungsprojekt

21 días después de aterrizar por primera vez en el nuevo despacho, creo que ya era hora de dedicarle unas líneas con algo más de detalle.

El lugar que me acogerá durante los próximos dos años es el Instituto de Psicobiología de la Universidad de Trier. Primer dato curioso: es el único edificio académico fuera del campus, el cual está, como suele pasar, a las afueras de la ciudad. Esto tiene sus inconvenientes, pero creo que las ventajas son mucho mayores: está a 10 minutos andando del centro y pegado al principal hospital de Trier.

Bild1

«¡Holaaaa!»

Aquí dentro coexisten tres grandes grupos de investigación: Psiconeuroinmunología, Psicofisiología ClínicaNeurogenética Conductual. Todos dedicados al estudio de estrés de una u otra forma. Yo firmo como miembro del último grupo, cuya aproximación es principalmente genética.

Logo_DeptNeurobehavGenetNo todos los proyectos que se desarrollan aquí han de contener un componente genético, pero es sin duda donde son más expertos. Concretamente, el grupo se centra en explorar las interacciones gen/entorno en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, el autismo, la esquizofrenia, trastornos asociados al estrés…, así como en el estudio de la relevancia funcional de nuevas y/o consolidadas variantes genéticas en estos trastornos.

csm_chromosomen_01_5b262aac52Mi proyecto tiene poco de genética, pero el estrés es uno de los pilares en los que se basa la propuesta, así que creo que encaja con el entorno. De momento, las reuniones que hemos tenido han sido provechosas y de todas he sacado algo útil.

Es un grupo pequeño este. Un IP (Herr Meyer), una técnico de laboratorio (Ulrike), tres estudiantes de doctorado (Katherina, Türkan y Bárbara, a quien, por cierto, aún no conozco), una secretaria (Sarah) y dos postdocs (Andrea y menda).

Existe un rollo especial en los grupos pequeños. Todo parece más familiar. Eso, claro, puede patinar en determinados momentos, pero por lo que llevo visto es un grupo que lleva junto mucho tiempo (las doctorandas comienzan su último año de PhD) y se nota en el trato y la dinámica.

De momento estoy bastante a gusto. Hay mucha flexibilidad y la gente parece siempre dispuesta a echar una mano. Todos parecen involucrados en el trabajo de todos, lo que en cierto modo transmite sensación de unidad.

También es cierto que en lo que a faena de verdad se refiere, lo más exigente a lo que me he enfrentado hasta ahora es ajustar un presupuesto más restringido que el mono de ski de Ned Flanders y hacer cálculos de tamaño muestral y estimaciones de tamaño del efecto. Pero soy optimista y creo que podré sacar trabajo adelante.

Ya os iré contando.

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PD: mirad que carabollo más majete n.n

Por un puñado de azúcares

La semana pasada la revista The BMJ publicó una serie de artículos centrados en la influencia de la industria del azúcar en distintos niveles dedicados a la ciencia en Reino Unido: desde científicos a centros de investigación, pasando por organismos gubernamentales.

El blog Lo que dice la ciencia para adelgazar se ha hecho eco de la noticia también, pero, igualmente, me gustaría contribuir al asunto a mi manera.

En el monográfico de The BMJ se puede leer, por ejemplo, que 330.000€ al año durante la última década es lo que compañías del sector alimentario han aportado a científicos del Consejo de Investigaciones Médicas de Reino Unido.

Es más, expertos en política económica, sociología y nutrición denuncian cómo desde hace tiempo la industria alimentaria adopta estrategias idénticas a las utilizadas por las tabacaleras o las grandes farmacéuticas en su intento por influir en la opinión pública y la legislación.

Pero esto no es novedad. La financiación a investigaciones que endulzan las propiedades y responsabilidad de productos azucarados sobre la salud no es secreta. Ya en 2009 Cristin Couzens desveló varios documentos con información sobre décadas de manipulación. Por ejemplo, aquellos que muestran cómo en la década de 1960, ante la aparición de las bebidas “light“, la industria financió múltiples estudios que advertían del peligro del ciclamato para la salud, o sobre los esfuerzos por intentar distanciar el consumo de azúcar con la diabetes durante los ’70 1.

Curiosamente, el ciclamato está prohibido por la FDA desde 1970.

Un dato interesante: por ley, las empresas en EE.UU. deben emitir un informe detallando los riesgos a los que se enfrenta la compañía. En el caso de empresas como Coca-Cola y Pepsi, queda claro qué es lo que más temen:

  1. Los datos sobre la influencia del consumo de sus productos en la salud
  2. La amenaza de impuestos derivados de la legislación sanitaria.

Ante este escenario, está claro por qué la industria alimentaria se muestra tan interesada en participar en la investigación y por qué se esfuerza tanto en incluir representantes en comités de salud.

También se hizo pública una carta de la Sugar Association donde quedaba clara la intención de la Asociación por asegurar el puesto de expertos “imparciales” en el comité que el Departamento de Agricultura para constituye para la elaboración de guías nutricionales en EE.UU., y que dejaba un conciso mensaje a sus miembros: «la asociación está comprometida con la protección y promoción del consumo de sucrosa. Cualquier desacuerdo sobre el azúcar se contrarrestará feroz y estratégicamente con declaraciones públicas y en favor de la ciencia».

Poco más que añadir.

A pesar de todo, el mensaje pro-salud parece estar calando poco a poco, como muestran los datos que reflejan cómo un 25% de los consumidores ha reducido el consumo de estos productos, simplemente, «porque contienen mucho azúcar» 2.

Pero esto no es, desde luego, gracias a las empresas.

Desde 2011 existe en Reino Unido una iniciativa gubernamental que recoge 9 demandas dirigidas a la industria alimentaria y que tienen como foco la salud. Uno de los puntos de este acuerdo de responsabilidad es la reducción del 5% en la cantidad de azúcar que las empresas incluyen en sus productos. Muchas compañías se han adherido a la iniciativa comprometiéndose con una o varias de estas peticiones, pero fallan en esta cuestión en particular.

Kantar Worldpanel es una empresa de análisis de marketing que produce datos sobre los hábitos de consumo en materia de alimentación. Suya es la base de datos más extensa del reino, y de la misma se sirven tanto Gobierno como industria.

El último análisis realizado por la empresa muestra que en 2014 la cantidad de calorías en la compra de los británicos era casi un 12% más que la del mismo periodo en 2006. También que el contenido de azúcar y grasas saturadas había aumentado, lo que sugiere que el acuerdo de responsabilidad por que las empresas reduzcan ese 5% está lejos de lo que ocurre en realidad 3.

Eso no quita para que estas se beneficien de la buena publicidad de haberse adherido a la iniciativa, claro está.

Por otra parte, es innegable que muchas de estas compañías han tomado medidas al respecto. En 2013, por ejemplo, Mars anunció que en aras de cumplir con su compromiso paracon la salud de los consumidores, iba a reducir el tamaño de sus chocolatinas. Una medida similar adoptó Coca-Cola con sus latas de 250 ml. Ambas reducían así la cantidad de azúcar y calorías en sus productos.

Sin embargo, es interesante saber que estas decisiones coincidieron curiosamente con una predicción sobre el aumento del precio del azúcar en los años siguientes (8% en 2014, 7% en 2015).

La reducción de tamaño de los productos implicó una reducción de la demanda de azúcar, por lo que las compañías esquivaron el varapalo del aumento de precio, logrando incluso aumentar sus ventas y obtener un crecimiento económico importante. Lo que hace dudar de la pura buena voluntad de estas empresas para mejorar la salud de los consumidores.

La reducción de las porciones es una medida loable. Pero que no quieran tomar el pelo a la gente diciendo que lo hacen pensando en la salud.

Personalmente, he de decir que tras leer los cinco artículos tengo sentimientos enfrentados. Por una parte, me siento aliviado al ver que una revista como The BMJ ha tenido el arrojo de publicar una información como esta. La idea de que grandes multinacionales se dediquen a sesgar, manipular y condicionar diversos puntos del proceso científico no es nueva, pero queda mucho camino por recorrer y artículos así ayudan a eliminar el aura de hipótesis conspiranoica.

Por otra parte, me preocupa pensar qué no estará pasando en otros países como España. Aunque viendo lo visto, me parece que el camino y la situación son parecidas.

Por otro lado, me cabrea. Obvio. Y me entristece, igualmente. Me da pena y rabia pensar en que la codicia puede a la preocupación por la salud. Pensar en toda la racionalización de la industria para justificar su comportamiento y toda la gente que se ha dejado vencer (o no ha podido enfrentarse) a este modus operandi me causa tremenda frustración.

Estamos hablando de la vida de personas.

Como decía, es un trabajo arriesgado este de la revista. Pero necesario en un contexto en el que la cura para trastornos tan relacionados con estos productos no parece estar cerca. Será interesante ver cómo reaccionan los protagonistas. Aunque mucho me temo que lo único que harán será sacar a relucir a sus fantásticas primeras espadas de publicidad y relaciones públicas para quitar hierro al asunto, acallar a los medios y quizá comenzar otra línea de productos con un eslogan bien grande que deje claro su “compromiso, interés y preocupación” por la salud de la gente.

No me gustaría terminar sin hacer un pequeño comentario más.

Soy consciente de que mucha gente piensa en la ciencia y los científicos del mismo modo que piensa en el arte y los artistas: gente vocacional, con plena dedicación y una ética digna del mejor filósofo. Pero además de eso, la ciencia es un trabajo. Es una profesión. Muy poca gente vive de la ciencia, la mayoría lo hacemos mediante ella. Si los orgnaismos públicos, independientes, no pueden proporcionar los fondos para llevar a cabo esa profesión, la tarea recae en la industria privada.

Por supuesto, no pretendo decir que los datos se manipulen o se inventen. Ni que las personas a cargo de esos estudios actúen de forma poco profesional o a mala fe. Pero estoy de acuerdo con unas declaraciones de John Sievenpiper, en las que afirma que «cuando la industria tiene voz y voto en qué investigar, la financiación que proporciona puede conducir a una distorsión de la pregunta científica, provocando así que los resultados favorezcan más el producto o la posición del espónsor».

A este respecto se publicó el año pasado en PLoS Medicine un artículo que demostraba cómo la probabilidad de no encontrar relación entre el consumo de azúcar y la obesidad o el aumento de peso era hasta 5 veces mayor en las revisiones sistemáticas financiadas por la industria 4.

Creo que la participación de fondos privados en la investigación es un inevitable derivado de la imposibilidad (¿?) de sostener la ciencia únicamente con fondos públicos. Pero participación no es control, no es poner condiciones, no es crear conflicto y no es ocultar datos.

Aquí os dejo un interesante editorial de The BMJ sobre el tema: «Big food, big pharma: is science for sale?»

Aquí están los cinco artículos:

  1. Sugar: spinning a web of influence
  2. Sugar’s web of influence 2: Biasing the science
  3. Sugar’s web of influence 3: Why the responsibility deal is a “dead duck” for sugar reduction
  4. Sugar’s web of influence 4: Mars and company: sweet heroes or villains?
  5. Commentary: Sweet policies

[OPINIÓN] La investigación cuenta

Es un tema ya tratado. Mucho. Hasta la saciedad. Pero hoy he leído dos artículos que me han motivado a volver al asunto.

El primero es de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS). El informe publicado describe la tremenda discrepancia que existe entre la opinión de los científicos y del público en general acerca de diferentes temas de interés cultural y social, como el cambio climático o el consumo de OGM.

Dejo el enlace al informe aquí, pero para quien no lo quiera leer, los resultados de la encuesta a continuación:

Ítem

Público

Científicos

Considera los OGM seguros para el consumo

37%

88%

A favor de la investigación con animales

47%

89%

Considera seguros para el consumo los alimentos tratados con pesticidas

28%

68%

Considera el calentamiento global consecuencia de las acciones de los humanos

50%

87%

Evolución de los humanos y otras especies

65%

98%

Considera el aumento de la población un problema potencial

59%

82%

A favor de más centrales nucleares para generar energía

45%

65%

A favor de más extracciones de gas y petróleo en el océano

32%

52%

Considera necesarias las vacunas a los niños

68%

86%

Los astronautas son esenciales para el futuro del programa espacial de EE.UU.

47%

59%

A favor de fomentar la creación de biocarburantes como alternativa a la gasolina

68%

78%

A favor del aumento del fracking

31%

39%

Considera que la estación espacial ha sido una buena inversión para EE.UU.

64%

68%

Como se puede ver, existen ciertos temas de gran importancia en los cuales la visión de la gente no se corresponde con la opinión de los científicos.

Esto manifiesta un claro problema: el conocimiento científico no está llegando a la población. O lo que es peor, llega, pero no con la suficiente fuerza como para afectar la opinión de la gente.

Por otro lado, es comprensible. En muchos de estos temas ni siquiera existe una voz unánime entre los expertos, lo que deja un hueco que ha de ser ocupado, necesariamente. Cuando la evidencia no es abrumadora, las creencias entran en juego. E incluso después, cuando un incontestable volumen de datos aparece en defensa de X, la huella del miedo, la ignorancia y la costumbre pueden más.

La divulgación juega un papel fundamental en la lucha contra estos molinos, pero claramente algo está fallando.

El segundo artículo que me ha impulsado a escribir esta entrada es uno publicado en Nature.

Al parecer, la policía ha realizado recientemente una redada en el Instituto Max Plank de Tübingen (Alemania) y ha requisado documentos y material relacionado con investigación preclínica.

Según describe el artículo, no es la primera vez que este Instituto tiene que lidiar con situaciones parecidas. Hace un tiempo, asociaciones pro-derecho de los animales se infiltraron en el centro y grabaron varios vídeos en los que se veía el proceder habitual de los científicos con los animales. El vídeo fue incluso emitido por televisión.

Investigaciones llevadas a cabo por organismos independientes dictaminaron que no había evidencia de ninguna infracción en la normativa sobre procedimientos de laboratorio, ni se violaba ningún principio ético del manejo de animales de experimentación.

No obstante, las mismas organizaciones aseguran que el Instituto miente, y han involucrado a la policía en su misión para clausurar las actividades del centro.

Aquí el artículo: German police raid animal-research lab

En la misma línea, hace una semana se publicaba en un diario local de Lieja que un grupo de encapuchados irrumpió en el laboratorio del hospital y sacó de las jaulas diversos animales que estaban siendo utilizados como modelos en diferentes ensayos sobre cáncer y otras enfermedades. Incluso desde Rectorado nos invitaban a ser discretos en nuestras conversaciones en caso de trabajar con animales, ya que la Universidad considera que este asunto es un riesgo real y de legítima preocupación.

Lo tuiteé en su momento, pero creo que viene al caso hoy.

La divulgación no es sólo hacer bonita y comprensible una comunicación sobre materia oscura, enlaces iónicos, supermateriales o neurotransmisión. Es hacer comprender también la importancia, la necesidad, de trabajar con los modelos que se trabaja. En física o incluso genética, uno puede ceñirse a modelos matemáticos y simulaciones. Pero en la investigación biomédica requiere sistemas fisiológicos vivos para comprobar la validez, eficacia y seguridad de diferentes compuestos, desde posibles tratamientos farmacológicos hasta nuevos métodos de diagnóstico.

Los organismos que regulan el uso de animales de experimentación son implacables y muy rígidos. La gente no sabe la cantidad de informes a comisiones éticas que se han de redactar para la aceptación de los proyectos, o los requerimientos sanitarios y de bienestar animal que se deben seguir a rajatabla, o las sanciones por incumplir alguno de estos mismos requerimientos. No saben que el uso de animales en investigación está únicamente permitido si es debidamente justificado por la ausencia de alternativas. Esto quiere decir que sólo es posible utilizar animales cuando se tienen que utilizar animales.

Lo mismo para el número. La cantidad que se utiliza debe responder a una fórmula estadística que asegura el mínimo número para conseguir la potencia de efecto necesaria en los experimentos. No se hace al tuntún.

El otro día un tuit rezaba: «Me pregunto a cuántos de los que protestan contra las vacunas se les ha muerto un hijo por rubéola». Me pareció incontestable. Se necesitan modelos animales para avanzar en la mejora de pruebas de detección y tratamientos para enfermedades y dolencias que suponen una lacra para la sociedad. Sin embargo, la investigación preclínica está desprotegida en este aspecto. Si una persona no cree en la evolución, la evolución no deja de ser cierta. Pero si uno cree que el uso de animales de laboratorio equivale a maltrato animal, puede destrozar unas instalaciones y echar a perder muchísimo dinero y progresos en favor de la población. Y eso es en lo que debería hacerse énfasis a cada oportunidad.

Lo que cuenta la investigación, cuenta.

La nueva vieja pirámide nutricional

Hace unos días salió publicada una noticia sobre la revisión de la guía de recomendaciones nutricionales de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). La nueva pirámide nutricional, vaya. Bueno, nueva por decir algo. Más bien, la misma mierda con distinto envoltorio. Y para más inri, un envoltorio más feo si cabe.

Por lo que se ha podido ver hasta ahora, las líneas que va a seguir esta “remodelación” no sólo no van a modificar prácticamente nada el contenido desde su primera versión, hace más de dos décadas, sino que incluye y mantiene aspectos de un descaro y demagogia sorprendentes.

Pirámide nutricional de la SENC, 2004.

Pirámide nutricional de la SENC, 2004.

Algunas perlas:

  • Participación de empresas privadas con reconocido interés económico en el campo de la alimentación (Coca-Cola).
  • Recomendación de bebidas alcohólicas (vino y cerveza).
  • Equivalencia de factores que nada tienen que ver con la nutrición en el establecimiento de una alimentación saludable (equilibrio emocional, actividad física, tecnología culinaria).

Estas tres joyas, entre otras, son, en mi opinión, una aberración totalmente injustificada en el marco de una intervención con el mero objetivo de mejorar la salud de la población.

Quizá a muchos os parezca incluso bien esta nueva base de cuatro principios, pero que la guía oficial para una buena alimentación considere el balance energético, el equilibrio emocional, el ejercicio físico y la tecnología culinaria los pilares de una alimentación saludable es un giro que provoca una difusión de la responsabilidad.

Lo que están diciendo es «Si eres obeso, no es por lo que comes (que, demostrado, está directamente influenciado por agresivas campañas publicitarias); las calorías son calorías, vengan del azúcar de un refresco o de unas lentejas. Estás obeso porque no eres capaz de controlar tu hambre cuando tienes ansiedad o estrés, no haces el suficiente deporte y no utilizas las herramientas adecuadas para cocinar».

La obesidad es todo menos simple. El balance energético es fundamental, pero cuando este es un pilar central en directrices fabricadas en parte por una compañía que vive de vender azúcar con agua, no es difícil imaginar por dónde irán los tiros.

Lo que aquí hay, señoras y señores, es más morro que espalda, más interés económico que sanitario y un tomarnos por tontos que ya está bien.

No soy nutricionista ni dietista, pero ambos son campos que me interesan profundamente y que intento seguir con pasión. No pensaba escribir nada al respecto, porque para eso hay gente mucho más cualificada (para muestra, un botón). Sin embargo, Juan Revenga (@juan_revenga) tiene razón al hacer de esto un tema global, en el que todos deberíamos participar en una muestra de descontento grupal. Al fin y al cabo, son las directrices oficiales en las que se debería basar cualquier recomendación dietética en España. Esperemos que predomine el sentido común y no sea así, sino que los responsables y profesionales en este ámbito se adscriban a otras recomendaciones mucho más actuales y basadas en evidencia científica.

No se puede ser tan frívolo con temas como este. Demasiado hay en juego. Y luego no valdrá llorar y echarse las manos a la cabeza cuando las tasas de obesidad infantil superen los terribles índices que ya tenemos.