¡No! ¡No os vayáis! ¡Todavía queda la mejor parte!

Quizá hayáis recibido un aviso de «Nueva entrada publicada». Quizá os haya sorprendido después de tanto tiempo sin publicar. Y más, tal vez, comprobar que ha sido una nota de despedida.

Tengo que ser sincero: no estaba planeado.

Esa despedida la escribí en 2013 y la programé para publicarse hoy. ¡Me había olvidado totalmente de ella!

A decir verdad, el plan ha salido como estaba previsto. Es decir, programé la entrada a varios años vista, con la idea de que cuando fuera acercándose la fecha, si el ritmo seguía siendo  bueno, tendría margen de maniobra para retrasarla otros dos, tres o cuatro años. Si no me acordaba de ella sería porque el blog ha frenado su actividad hasta el punto de estar justificado un «despedida y cierre».

Es innegable que la actividad ha caído en picado. Pero me alegra mucho ver que la página sigue recibiendo visitas a diario =). Además, parece que a un par de personas les ha tocado la patata y sorprendido para mal. A decir verdad, a mí también me ha sorprendido.

Voy a reinterpretar la situación: deja de ser una despedida y pasa a convertirse en una llamada de atención. Me esforzaré más por traer más contenido, sea por escrito o por vídeo (proyecto que tampoco parece haber calado mucho, pero vaya).

Así pues, no os vayáis todavía, que aún queda por decir.

Gracias por venir

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La mayoría habréis notado que el ritmo de publicación ha bajado este último mes. Para ser justos, ha disminuido de manera inversamente proporcional a la cantidad de trabajo que he ido acumulando. Y la cosa no parece ir a mejor.

Yo siempre he defendido que un blog se sustenta gracias al ritmo. Este octubre haría cinco años, y en todo ese tiempo, a la gente que he conocido que rondaba la idea de hacer un blog, le decía lo mismo : «lo importante es el ritmo». Lo aprendí de un buen amigo en su etapa bloguera, y es una máxima que me ha acompañado siempre a la hora de afrontar este pequeño cuaderno de inquietudes. Sin embargo, me veo incumpliendo mis propias directrices.

Como muchos habréis deducido en este punto, este es mi adiós a Como decíamos ayer… . O, como se suele decir, tal vez un hasta luego.

Sea como sea, no es la primera vez que pienso en dejarlo. Ha habido temporadas de sequía anteriormente, aunque siempre salía con alguna cosa que (creo) merecía la pena comentar. Pero en este momento el tiempo que el blog requiere lo preciso para otras cosas.

Así pues, ha sido un placer tenerlos como público, fieles seguidores (aunque sólo comenten las entradas los mismos ;-b). Muchas gracias a todos por vuestra fidelidad. Me voy con la ilusión de pensar que en algún momento he ayudado a divulgar algo este precioso y complejo mundo que es la ciencia; que alguna vez pude sorprender, alegrar, o servir de ayuda a alguien. Me voy con la cabeza bien alta y lleno de gratitud =).

Para saber por dónde voy, querido lector, mi cuenta de Twitter. Para todo lo demás, dame un silbidito…

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¿Es el locus coeruleus la zona cero del Alzheimer?

El portal EurekAlert se ha hecho eco de un artículo publicado muy recientemente que revisa el papel del Locus Coeruleus (LC) en el envejecimiento cerebral.

Firmado por Mara Mather y Carolyn Harley, el trabajo deja un poco de lado las regiones más tradicionalmente asociadas al deterioro cognitivo en esta enfermedad, como el hipotálamo, para fijarse en el LC, también relevante, aunque tradicionalmente con menor protagonismo.

Desde esta región surgen las principales conexiones noradrenérgicas. Y su actividad está relacionada con la regulación de aspectos tan relevantes como la frecuencia cardíaca, la memoria, la atención o la vigilia. De especial importancia es esta última, dado que desde hace tiempo se sabe que un patrón de sueño disruptivo es uno de los síntomas predictores más característicos del desarrollo de Alzheimer (además de otros trastornos).

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Localización del LC y principales vías aferentes.

Lo revelador del trabajo publicado por Mather y Harley es que parece demostrar que es en esta región, y no en el hipocampo, donde comienza la acumulación de la proteína tau. Y al parecer lo hace a edad temprana, ya que aunque no todas las personas con patología tau llegan a desarrollar Alzheimer, la exploración postmortem muestra signos de acumulación de esta proteína ya en adultos jóvenes.

La investigación no deja de avanzar en el campo de las enfermedades neurodegenerativas. Y no es de extrañar, ya que las predicciones indican que la incidencia de estos trastornos irá a peor en el futuro. Nuevos enfoques en la búsqueda de factores que afectan tanto a la aparición como al desarrollo de estos son totalmente necesarios. Y quizá con nuevas hipótesis y datos se pueda poner freno a tiempo.

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Enlace a la noticia original.

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Referencia:

Mather M, Harley CW. The Locus Coeruleus: Essential for Maintaining Cognitive Function and the Aging Brain. Trends Cogn Sci, 2016; 20(3): 214–226. doi:10.1016/j.tics.2016.01.001

 

¿Cómo se transporta la dopamina en el cerebro?

La dopamina es una de las rockstar de la neurotransmisión. Con un par de regiones de neuronas que la producen y cuatro vías principales, lo peta en el cerebro. Desafortunadamente, mucha gente la malinterpreta y pone en su boca palabras que no dice, pero eso es otro tema que, además, ya está tratado anteriormente en el blog.

dopamine

Localización de las principales regiones de síntesis y vías dopaminérgicas en el cerebro

Como decía, la dopamina es necesaria para una gran cantidad de conductas y procesos fundamentales para el funcionamiento normal del cerebro 1. Un déficit en distintos puntos de este sistema (niveles totales, receptores, transporte…) se relaciona con multitud de problemas neuropsicológicos y de desarrollo, como la depresión 2, la adicción 3, la psicosis 4 o la enfermedad de Parkinson 5.

Las causas de estos y otros problemas relacionados con la dopamina no se conocen (todas) con detalle. Pero que esta catecolamina tiene algo que ver está fuera de duda. Por ese motivo es necesario conocer cómo se comporta en el cerebro para poder plantear estrategias terapéuticas que atajen condiciones como las antes mencionadas.

Uno de los principales focos de atención recae sobre la encargada de transportar la dopamina: la proteína transportadora de dopamina (#props a quien le dio nombre). Neurotransmisión 101: la célula presináptica libera el neurotransmisor en la sinapsis, donde se adhiere a su correspondiente receptor en la neurona postsináptica y desde donde los transportadores la devuelven al citosol de la neurona presináptica cuando: a) sobra, o b) termina de hacer lo que está haciendo.

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Esquema de neurotransmisión dopaminérgica. La dopamina (DA) se libera en la sinapsis, se adhiere al receptor (DR) y es transportada después de nuevo al citosol presináptico por el transportador (DAT). Fuente: Lovell et al., 2015

Que la DAT juega un papel significativo en la función dopaminérgica se conoce desde hace mucho tiempo. Lo que no se sabía aún es cómo. Recientemente, un grupo de investigadores de la Universidad de Salud de Florida han descubierto el mecanismo mediante el que la DAT ejerce su función.

El artículo, publicado a finales del mes pasado en Nature Communications, describe la actividad de la DAT a partir de cambios en el potencial de la membrana celular. Cuando estos cambios se producen, la DAT se moviliza y regula el nivel extracelular de dopamina.

Para lograr el hallazgo, los autores utilizaron cultivos celulares que expusieron a diversas técnicas, como electrofisiología, microscopía confocal y microscopía de fluorescencia de reflexión interna total (o TIRF).

Los resultados de estos experimentos ofrecen un conocimiento más amplio sobre el comportamiento de la dopamina en el cerebro. De lo cual se beneficia tanto la ciencia básica como la clínica. Los efectos de la cocaína, por ejemplo, se producen principalmente a través del bloqueo de los DAT 6. Conocer su mecanismo de acción puede resultar crítico a la hora de plantear intervenciones farmacológicas en situaciones en que esta proteína esté implicada.

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Referencia:

Richardson BD, et al. Membrane potential shapes regulation of dopamine transporter trafficking at the plasma membrane. Nat Commun, 2016; 7: 10423. doi:10.1038/ncomms10423