Memoria del miedo

Entre los misterios que rodean la memoria, las emociones y el cerebro que las posibilita, está la cuestión de por qué no podemos recordar las experiencias emocionales que vivimos con la misma intensidad del momento en que ocurrieron. Se recuerda un momento alegre,  un momento triste…, pero nunca de la misma manera. En algunos casos es un fastidio (¿quién no querría revivir siempre igual un momento de felicidad?), pero en otros puede ser un mecanismo adaptativo que nos permite seguir adelante y superar momentos traumáticos.

Investigadores del grupo de Cognición y Plasticidad cerebral del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (Barcelona) han publicado un estudio en el que demuestran cómo nuestro cerebro procesa la información en las experiencias de miedo mediante mecanismos diferentes, dando una explicación a cómo es posible recordar los detalles de un evento (información contextual: lugar, momento, estímulo…) sin revivir emocionalmente la experiencia.

Existen muchos marcadores fisiológicos que permiten identificar y distinguir la respuesta emocional, tanto el tipo (respuesta cardíaca, conductancia de la piel, reflejo orbicular…)1 como la intensidad. Uno de ellos es la actividad electrodermal. El estudio midió la conductancia de la piel de 86 voluntarios en dos contextos diferentes, uno de miedo y otro neutro, mientras memorizaban una serie de palabras. El aprendizaje se evaluó con un test de reconocimiento a los 30 minutos, a la semana y a las dos semanas.

Diseño del experimento. Una lista de palabras fueron asignadas aleatoriamente a cada una de las condiciones y contrabalanceadas entre sujetos. La bombilla representa el shock. El reloj analógico sirvió como señal inicial y permaneció en la pantalla durante la duración del ensayo. Los auriculares representan la presentación de las listas de palabras. Entre ensayos se permitió un periodo de entre 30 y 60 segundos para evaluar el nivel subjetivo de miedo y recuperar el tono basal (Fuente: Packard et al., 2014).

El análisis de los resultados reflejó que tanto a los 30 min como a la semana y las dos semanas, la curva de olvido era normal en ambas condiciones. Con el tiempo se olvidan las palabras, el rastro explícito del evento. La diferencia está en que a pesar de que la tasa de recuerdo fuera similar para ambas condiciones, las palabras que fueron presentadas junto a la descarga eléctrica generaban una respuesta de conductancia similar a la ocurrida en la fase de adquisición.

La explicación que dan los autores es que durante los eventos traumáticos una parte de las memorias asociadas se elimina con el tiempo, o se deja de tener acceso a ella. En cambio, la respuesta emocional, el aprendizaje implícito asociado a la experiencia se mantiene. El cerebro disocia la memoria explicita del evento negativo de la respuesta emocional, lo que sugiere que el cerebro utiliza vías distintas para cada tipo de información.

Los resultados de este trabajo pueden ayudar a comprender por qué en algunas condiciones patológicas, como el estrés postraumático, una respuesta emocional descontrolada originalmente vinculada a eventos negativos, es generada sin que la persona sea capaz de identificar la causa concreta.

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Referencia

Packard PA, et al. Tracking explicit and implicit long-lasting traces of fearful memories in humans. Neurobiol Learn Mem, 2014; 116:96–104.

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