Alucinógenos

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Desde hace siglos, los humanos hemos utilizado todo tipo de productos para expandir nuestra conciencia, bien con fines espirituales o recreativos. Uno de los productos más conocidos y utilizados para ello es el LSD. Sin embargo, este compuesto es relativamente reciente, mientras que otros como el peyote o cierta clase de hongos llevan mucho más tiempo utilizándose.

Independientemente de su origen, las drogas psicodélicas comparten ciertas características. Y aunque el compuesto activo de cada una puede ser distinto, el efecto conductual de la mayoría de estos está bastante bien descrito. Entre la gran variedad de efectos, uno recurrente es, por llamarlo de alguna forma, la “claridad cognitiva”. El mecanismo detrás del output conductual de los psicodélicos está por describir completamente, pero un estudio publicado recientemente en Human Brain Mapping pretende resolver dudas al respecto.

En el trabajo liderado Enzo Tagliazucchi, de la Goethe University en Frankfurt, puso bajo el escáner a dos grupos de voluntarios: un grupo control y otro grupo, cuyos integrantes habían sido inyectados con psilocibina. Al analizar las imágenes cerebrales de los sujetos descubrieron dos resultados significativos. Por una parte, los sujetos bajo la influencia de la psilocibina mostraban un mayor volumen y similar patrón de actividad en regiones subcorticales relacionadas con el sueño. Por otro, estas mismas personas experimentaban un efecto de consciencia expandida, entendiéndose como esto último una mayor facilidad para acceder a la información y las asociaciones creadas.

Estos resultados son muy interesantes si se tiene en cuenta el aspecto conductual de los psicodélicos. Los informes y autoinformes de consumidores describen estados de sueño lúcido, así como un estado de mayor facilidad emocional 1. Esto es coherente con estudios previos que demuestran una disminución en la actividad del córtex cingulado, una región conocida por su vinculación con el mantenimiento del sentido del “yo” y la contextualización de la identidad (también conocida como parte de la red neural del «cómo-sé-que-esto-es-real-y-no-estoy-soñando») 2.

Es decir, los psicodélicos facilitan una bajada de guardia del yo, lo que en cierto modo difumina los límites entre uno mismo y el entorno, dejando más paso libre al razonamiento emocional.

Este último aspecto también lo describe el estudio señalando que el rango de conexiones de los diferentes sistemas emocionales se veía incrementado bajo los efectos de la psilocibina. Es más, el estudio encuentra una relación entre el inicio de los efectos y la magnitud de la respuesta de este rango.

A pesar de lo reducido de la muestra, el estudio es interesante como aproximación a los mecanismos subyacentes a la expansión sensorial y cognitiva que se observa tras el consumo de estas sustancias. En mi opinión, estudiar estos compuestos, sus efectos y cómo se producen resulta interesante especialmente en dos aspectos: antropológico, debido al uso generalizado de este tipo de productos en multitud de culturas en todo el mundo; y neurobiológico, ya que descubrir la neurociencia detrás de cuestiones tan complejas y esquivas como la consciencia resulta revelador.

Faltará ver si estos resultados se pueden replicar, o si se encuentra algún tipo de relación entre estas áreas y otras propuestas como coordinadoras de la consciencia.

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ReferenciaTagliazucchi E, et al. Enhanced Repertoire of Brain Dynamical States During the Psychedelic Experience. Human Brain Mapping, 2014. doi: 10.1002/hbm.22562_

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