Nutrición y cognición (I): polifenoles

De forma similar a lo que conté aquí, hoy le toca el turno a la relación entre nutrición y cognición. Primer capítulo: los polifenoles.

A priori, quizá la relación entre nutrición y cognición parezca mucho más obvia que entre el ejercicio y la cognición. Necesitamos comer para mantenernos vivos, por lo que, lógicamente, nuestro cerebro y por consiguiente nuestra capacidad cognitiva, se verán afectados por los nutrientes que ingerimos.

Sin embargo, mi intención con esta entrada y la siguiente es repasar algunos de los factores que parecen más significativos no en el mantenimiento del cerebro normal, sino (1) en los beneficios a largo plazo que pueden tener determinados alimentos para la salud del cerebro y (2) la estimulación que diferentes nutrientes pueden ejercer sobre distintos dominios cognitivos.

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[NOTA: Lo primero antes de empezar, el mantra que hay que repetir a lo largo de esta entrada y la siguiente: no existen alimentos mágicos]

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El cerebro consume una cantidad de energía sorprendente. Y resulta muy exigente en términos metabólicos. La alimentación no sólo afecta a la arquitectura del cerebro, sino también a su funcionamiento en las distintas etapas de la vida. Estudios con uso de técnicas de imagen no invasivas han demostrado claramente que el mero hecho de pensar en comida puede modular la actividad neuronal de regiones implicadas específicamente en el control cognitivo de la conducta apetitiva, e iniciar diversas respuestas fisiológicas tales como salivación y secreción de ácidos gástricos e insulina 1.

Así pues, «Capítulo 1: los polifenoles»

En los últimos años ha habido un aumento considerable en el interés por los polifenoles y su posible efecto beneficioso para la salud del cerebro. Entre los distintos tipos, los flavonoides son los más numerosos, presentes en alimentos como el perejil, el apio, frutas cítricas, frutos rojos, orégano, vino tinto, soja, cebolla, puerro, brócoli, té verde y chocolate. Otros polifenoles, no flavonoides, se pueden encontrar en productos como el café, arándanos, kiwis, ciruelas y manzanas. Entre este último grupo de no flavonoides está el resveratrol, muy de moda, que se obtiene a partir de la uva, el vino o los cacahuetes.

Hola, señor flavonoide

Tradicionalmente se ha considerado que el efecto beneficioso de estas moléculas es debido a su propiedad antioxidante. Sin embargo, se ha demostrado que la biodisponibilidad de los flavonoides in vivo es muy baja 2. De forma distinta, acorde a los resultados de diversos estudios los polifenoles ejercen su efecto neuroprotector gracias a su capacidad para modular vías de señalización intracelular implicadas en la supervivencia neuronal, su impacto sobre la expresión génica y su interacción con la mitocondria 3,4,5. Efectos todos que derivarían en la neutralización de neurotoxinas y reducción de la neuroinflamación 6,7.

En lo que respecta a la función cognitiva, existen bastantes datos que apoyan la asociación entre estos compuestos y un riesgo reducido de desarrollar demencia, así como una mejora de la capacidad cognitiva tras un consumo continuado 8. Así, al comprar la ingesta de polifenoles (en concreto, flavonoides) en varios grupos, se observó que personas mayores con un consumo mayor a 13 mg diarios mostraban una mejor progresión en su capacidad cognitiva durante los siguientes 10 años, en comparación con aquellas personas cuyo consumo no alcanzaba los 10 mg/día 9. Es interesante comentar que otros estudios han relacionado estas diferencias por el efecto que estas moléculas parecen ejercer sobre la potenciación a largo plazo a través de distintas vías de señalización 10.

A tenor del aumento en los estudios favorables al efecto de estos micronutrientes sobre la capacidad cognitiva, parece que hay poco más que decir. Sin embargo, como comentaba antes, no hay alimentos mágicos. El «pero» de todos estos estudios está en el alcance de su influencia real a (como gusta mucho de decir por este mundillo) concentraciones fisiológicamente relevantes. Como se comentaba antes, la biodisponibilidad de estos elementos es más bien baja, lo que claramente limita su eficacia en algunos estudios de suplementación. Aunque eso no quita para que, según los datos, sí puedan ser parcialmente beneficiosos bajo determinadas circunstancias. Queda no obstante abierta la necesidad de más trabajos que exploren el beneficio de los polifenoles sobre la salud general y su potencial para reducir el riesgo de desarrollar trastornos neurodegenerativos y mantener una capacidad cognitiva saludable. Parece que algo hay, pero de ahí a trasladarlo al campo clínico como una forma de prevención estandarizada queda todavía un trecho.

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2 pensamientos en “Nutrición y cognición (I): polifenoles

  1. Pingback: El chocolate y la memoria | Como decíamos ayer…

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