Mens sana in corpore sano

De entre los chascarrillos en latín más utilizados hoy en día está el que da título a esta entrada. Me gusta porque hace referencia a dos de las cosas que más me interesan: la mente y el ejercicio. El capítulo de hoy trata de la influencia del ejercicio físico sobre el rendimiento cognitivo.

Practicar ejercicio físico es una de las recomendaciones que no falla cuando uno busca trucos para aumentar la concentración o potenciar la atención. La evidencia científica que apoya esta afirmación es amplísima. Sin embargo, uno tiene que cavar más hondo cuando quiere llegar a las causas de por qué esto es así; ¿qué efectos derivados del ejercicio intervienen en la mejora cognitiva?, ¿qué mecanismos hacen posible que esta mejora ocurra?, ¿sirve cualquier tipo de ejercicio?, ¿cuánto tiempo es suficiente?, ¿la mejora es general o específica para cada función y tipo de ejercicio?, son sólo algunas preguntas que cabe realizarse respecto a la relación ejercicio/cerebro.

Teniendo en cuenta que el ejercicio estimula la respuesta de multitud de sistemas en el organismo, la primera es tan lógica como necesaria. Por ejemplo, una de las consecuencias es el aumento de la temperatura corporal y la producción de sudor, pero eso poco tiene que ver con la memoria o la atención. Así pues, dada la gran variedad de efectos derivados del ejercicio, aquí trataré sólo algunos de aquellos directamente relacionados con los procesos cognitivos.

La primera causa que propicia la estimulación cognitiva derivada del ejercicio es el aumento del aporte de oxígeno al cerebro. Más oxigeno significa más alimento más rápido, lo que favorecerá que los mecanismos detrás de este proceso se pongan en marcha. De cualquier manera, adelanto ya que la mayoría de resultados parecen indicar que los efectos cognitivos del ejercicio se producen principalmente por su influencia en el hipocampo, lo que indica que los principales procesos beneficiados serán el aprendizaje y la memoria. Pero no los únicos, como veremos.

Multitud de estudios, tanto en humanos como animales, han demostrado que el ejercicio tiene un efecto positivo en el crecimiento neuronal. Se conoce, por ejemplo, que fortalece la memoria y favorece el procesamiento de información 1,2. Además, facilita tanto el aprendizaje como la ejecución de tareas de aprendizaje espacial 3. Y ya se sabe que donde hay aprendizaje, hay neuroplasticidad. Entre los elementos que intervienen en este fenómeno se encuentra el BDNF, componente del cuerpo de factores neurotróficos del organismo que, además de en el aprendizaje, está también implicados en el metabolismo energético central y periférico 4. Se ha demostrado que el ejercicio, tanto ocasional como continuado, es un factor clave en el inicio del proceso por el cual las neurotrofinas median el metabolismo energético y la plasticidad sináptica 5,6. Así pues, la estimulación de la neuroplasticidad guiada por BDNF parece ser el principal mecanismo por el cual el ejercicio ejerce sus efectos positivos en las tareas cognitivas.

Respecto al tipo de ejercicio, varios estudios demuestran que el trabajo aeróbico previene la pérdida de tejido y el declive neuronal en el hipocampo 7,8, pudiendo incluso revertir el efecto negativo de una dieta desequilibrada 9. Otros estudios sugieren que este tipo de actividad es especialmente positivo en aquellas tareas (o componentes de tareas) que tengan que ver con un control ejecutivo importante, como planificación de acciones o la inhibición de la conducta 10. Sin embargo, se conoce poco acerca del efecto del entrenamiento de fuerza en la memoria dependiente de hipocampo. Parece que este tipo de ejercicio no tiene un efecto especialmente significativo en los niveles BDNF, aunque sí beneficia la capacidad cognitiva, sobre todo en personas de edad avanzada 11.

No pain, no brain

Para explicar esta aparente contradicción, se ha sugerido que los mecanismos por los cuales cada tipo de ejercicio produce sus efectos son diferentes 12. Por un lado, los beneficios del trabajo aeróbico estarían motivados por el aumento del BDNF y su receptor trkB. En cambio, aunque el entrenamiento de fuerza no aumenta los niveles de BDNF, sí lo hace del factor de crecimiento insulínico tipo 1 (IGF-1) y su receptor. La razón por la que ambos son capaces de producir una mejora en el rendimiento cognitivo parece estar en que, al final, estos dos mecanismos incrementan la expresión de la sinapsina 1 y la sinaptofisina, dos elementos determinantes en la transmisión sináptica. Hay que mencionar que estos resultados se obtuvieron tras un entrenamiento de 1 hora, 3 veces por semana, durante 24 semanas.

Pero, seamos sinceros, nadie quiere entrenar 24 semanas para ver si su memoria mejora. La pregunta que hay que hacerse aquí es ¿el ejercicio ocasional obtiene resultados? Parece ser que sí.

Diversos estudios muestran que el ejercicio practicado de forma ocasional puede mejorar el rendimiento cognitivo. Por ejemplo, un estudio llevado a cabo en preadolescentes concluyó que el ejercicio realizado siguiendo el programa de evaluación Fitnessgram favorece el rendimiento cognitivo en tareas con especial participación de las funciones ejecutivas 13. Asimismo, otros estudios demuestran que el entrenamiento a intervalos de alta intensidad (HIIT) potencia la capacidad de la atención selectiva y la memoria a corto plazo 14.

En resumen, el ejercicio físico, tanto aeróbico como de fuerza, tanto crónico como ocasional, produce un aumento del aporte de oxígeno al cerebro e incrementa los niveles de ciertos factores relacionados con la neuroplasticidad, la producción de neurotransmisores y la transmisión sináptica. Y aunque no por los mismos mecanismos, su práctica parece afectar positivamente a diferentes dominios cognitivos como el aprendizaje y la memoria espacial, la memoria a corto plazo, la atención selectiva y la función ejecutiva.

Sin embargo, como reza el dicho, «ningún entrenamiento compensa una mala dieta». Así pues, queda pendiente para el capítulo dos cómo puede la dieta mejorar la capacidad cognitiva.

_

2 pensamientos en “Mens sana in corpore sano

  1. Pingback: Nutrición y cognición (I): polifenoles | Como decíamos ayer…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s