Competitive eating

No hay forma sencilla de decir esto, así que allá va:

Me flipa el competitive eating.

… Creo que un poco de contexto irá bien.

Hace años me aficioné a un canal de Youtube llamado EpicMealTime. La mayoría habréis oído hablar de él, pero para quien no lo sepa, es un canal en el que un grupo de amigos realizan absolutas monstruosidades culinarias, tanto creativa como nutritivamente.

Sí, lo sé. Alguien como yo, tan interesado en seguir un estilo de vida saludable, suscrito y parroquiano de un canal así… Suena raro. No lo puedo evitar, me fascina. He visto la evolución del programa desde sus primeros vídeos y fue gracias al asombro que me causó que descubrí a otro personaje: Furious Pete (de quien os recomiendo ver la historia), con quien conocí apropiadamente el mundo del competitive eating.

Hasta Furious Pete, yo sólo conocía el «concurso de comer tartas». Y lo veía como algo gracioso, un juego. Pero a medida que más conozco, más me fascina este fenómeno. En todos los aspectos: psicológico, fisiológico, social… Cualquiera que haya visto en acción a alguno de los competidores profesionales estará de acuerdo conmigo en que es algo que va más allá del sentido común. Y eso es lo que lo hace tan interesante. Cabe esperar que en una sociedad mayormente individualista y competitiva, convertir en concurso cualquier actividad es cuestión de tiempo. Sin embargo, este en particular me parece que no obtiene el crédito que merece.

Para algunos puede ser la primera vez que se topan con el término, así que voy a intentar detallar un poco más el asunto. Competitive eating (concurso de comer) hace referencia a una práctica en la que los participantes deben ingerir la máxima cantidad de comida posible en un tiempo límite. La comida es la misma para todos y el tiempo estándar de duración suele ser 10 minutos. Quizá el término resulte extraño a primeras, pero seguro que a todo el mundo le resulta familiar el «concurso de comer tartas». Es algo que se lleva haciendo mucho tiempo como divertimento en celebraciones como ferias, etc. Pero la cosa se puso seria de verdad a raíz del «Concurso de comer perritos calientes de Nathan», celebrado en EE.UU. cada 4 de julio desde 1972. Es más, en 1997 se fundó la International Federation of Competitive Eating (Major League Eating, desde el año 2000), organismo mundial regulador de estos concursos. A día de hoy, los eventos organizados por la MLE cuentan con el apoyo financiero y mediático de empresas como Pizza Hut o FOX, llegando incluso a retransmitirse algunas competiciones por la ESPN.

Joey Chestnut, actual líder de la MLE

En 2004, dos miembros de la MLE decidieron fundar una organización distinta, la Association of Independent Competitive Eaters (All Pro Eating Promotions, desde el año 2008). Esta asociación se diferencia de la MLE en que la comida debe ingerirse en la forma natural en que es presentada (el llamado picnic style) siguiendo una regla: «respetar la comida y mantener la integridad, dignidad y reputación de la misma», por lo que no se permiten cosas como aplastar la comida o utilizar técnicas de premasticado (mojar la comida en agua, vamos).

Molly Schuyler, la nº 1 actual de All Pro Eating

La competición de comida no es ninguna tontería. La gente que participa se lo toma muy en serio, y dedican gran parte de su tiempo a entrenarse para aumentar sus capacidades. No es un simple grupo de gente hambrienta que dice «Ey, voy a apuntarme y a comer todo lo que me echen». Esas personas están en los bufés libres. Esto es algo totalmente diferente. Requiere un entrenamiento físico y psicológico considerable. La mayoría de estas personas ponen su cuerpo al límite, llegando en algunos a niveles de auténtica locura en términos de salud.

Si no me creéis, echad un vistazo a este vídeo.

O a este otro

Entiendo que entre las motivaciones de quienes participan en estos eventos está el mero hecho de competir. La competitividad se fomenta descaradamente en nuestra sociedad, y cualquier campo en el que ser el o la mejor es válido. No es por el dinero (algunos premios no pasan de los $1000) y me atrevería a decir que tampoco por la fama (aunque quizá sí sean celebrities en sus países). Sinceramente, creo que la motivación principal es la propia competición. Querer ser el mejor. El mejor en algo. En ese sentido, los gurgitadores (término acuñado oficialmente por la MLE) no se diferenciarían demasiado de otros atletas. Es lógico pensar, pues, que los niveles de testosterona están más elevados de lo normal en estas personas 1, 2.

Por otra parte, comer es una conducta tan primaria y necesaria que su modulación está bajo un estricto y minucioso control. «Una vez al año no hace daño», dicen, pero estas personas compiten más de una vez (y dos, y tres) al año. Me pregunto cómo será su día a día, sus dietas, sus análisis de sangre… O las consecuencias a largo plazo de una actividad así. Aunque supongo que como con tantas otras cosas, habrá que esperar para saberlo.

En fin, fascinante y loco mundo este.

4 pensamientos en “Competitive eating

  1. Me parece una locura… un sinsentido total… un poco de asquete, estoy de acuerdo con Jacobo…
    La motivación de ser el mejor… puffff, no entiendo nada; y sí, existe, es cierto; pero en serio, mi capacidad empática no me permite reconocer las motivaciones/impulsos/deseos de logro/cogniciones que llevan a estas prácticas…

    Me gusta

  2. Pingback: ¡Testosterona, nº 1! | Como decíamos ayer…

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