El arma del crimen

El Centro de Astrofísica Harvard-Smithonian adelantó hace un par de días la revelación de un avance mayúsculo en el campo de la astronomía. Enseguida, todo el mundo empezó a especular, que si extraterrestres, que si nuevas dimensiones…; pero los círculos y personalidades de más autoridad fantaseaban con la idea de que finalmente se hubiera podido obtener un registro de las ondas gravitacionales.

Pues BINGO!, ondas gravitacionales.

En ciencia, pocas veces se da que un hallazgo sea tan rompedor que directamente sitúe a los responsables a las puertas de premios como el Nobel. Este es uno de esos descubrimientos. Entre las implicaciones directas, los expertos señalan, por ejemplo, la confirmación de una de las últimas predicciones de la Teoría de la Relatividad de Einstein y la evidencia de la Teoría de la Inflación Cósmica. Especialmente importante esta última dada la naturaleza esquiva de la gravedad en términos cuánticos. Dado que la inflación se entiende como fenómeno cuántico y la gravedad como parte de la física tradicional, las ondas gravitacionales suponen un enlace en la relación entre ambas, hasta ahora bastante complicado de esclarecer.

¿Pero qué son, exactamente, estas ondas?

Según Einstein, la gravedad es la herramienta que la masa utiliza para deformar el espacio. Todos hemos visto la típica imagen en la que el espacio se curva cuanto más se acerca a un objeto con gran masa.

La gravedad modifica la forma del espacio

Einstein predijo que esta deformación puede propagarse por el Universo del mismo modo que las ondas se propagan por la tierra durante un terremoto. Sin embargo, a diferencia del terremoto, las ondas gravitacionales pueden viajar a través del espacio vacío a la velocidad de la luz.

En teoría, cualquier cosa con una masa suficiente que experimente una aceleración violenta puede generarlas. En la práctica, parece ser que las únicas ondas gravitacionales capaces de registrarse directamente son aquellas derivadas del choque de dos agujeros negros y su fusión. En este sentido, lo que han conseguido los astrónomos del Harvard-Smithonian es registrar la radiación de fondo de microondas de las ondas gravitacionales primigenias originadas por el Big Bang. Detectar estas ondas es una prueba de que el universo sigue en expansión.

Por decirlo de otra forma, hasta ahora teníamos una pistola y una bala disparada. Hasta ahora, lo que se tomaba como supuesto y se asumía como más probable es que la pistola había disparado la bala. Sin embargo, estrictamente no se podía aseverar que esto fuera cierto, ya que no había evidencia de disparo en la pistola. El descubrimiento de las ondas gravitacionales es el equivalente a observar humo saliendo del cañón de la pistola.

Emocionante, ¿verdad?

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