Nuevos agentes químicos asociados a neurotoxicidad

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Quien me conoce sabe que no soy particularmente quimifóbico. Es más, creo que la tecnología es indudablemente beneficiosa para el avance de la sociedad y me parece poco coherente defender incondicionalmente ordenadores cada vez más rápidos y potentes, coches más seguros, o televisiones más sensacionales, al tiempo que se desprecia y se pone en entredicho el beneficio de la investigación biomédica.

En cualquier caso, no pretendo comenzar un debate sobre las diferencia entre unos avances y otros, y por qué unos sí y otros no. Sólo quería dejar clara mi postura al comienzo por el asunto a tratar hoy.

Hace apenas unos días se publicó en The Lancet Neurology un artículo de revisión titulado «Efectos neuroconductuales de la toxicidad en el desarrollo». En el texto, Philippe Grandjean y Philip Landrigan, de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard, realizan una evaluación de varios estudios publicados en los últimos años que relacionan diferentes agentes químicos industriales con la aparición de distintos trastornos psiquiátricos y neurológicos. En el artículo se mencionan hasta seis nuevos agentes que previamente habían pasado desapercibidos, pero que recientemente la evidencia científica parece haber puesto en el punto de mira. Premio para: manganeso, fluoruroides, clorpirifós, DDT, tetracloretileno y polibromodifenil éteres (PBDE).

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Efecto neurotóxico de agentes ambientales (ilustración de Ray Driver)

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Tras revisar la información, los autores señalan que la preocupación mayor es la cantidad de niños que son expuestos a estos agentes de forma inconsciente, y el impacto sobre el desarrollo cerebral que esto tiene, traducido en la mayoría de ocasiones en síntomas como la reducción de la capacidad atencional, la ralentización en el desarrollo o malos resultados escolares.

Los efectos de algunos de estos nuevos compuestos sobre el desarrollo de las capacidades cognitivas 1,2,3,4,5 o la aparición de trastornos psiquiátricos 6,7,8,9 han sido extensamente documentados, lo que ha permitido añadirlos a la lista de otros ya conocidos.

En su conclusión, los autores hacen hincapié en la necesidad de tratar a estos agentes químicos como nocivos de manera preventiva, y proponen la creación de una comisión internacional para el seguimiento y evaluación de nuevos agentes químicos que se pretendan incorporar al proceso industrial.

Este tema es peliagudo. No sólo por la ya mencionada quimifobia que frecuenta la población (en gran parte por desconocimiento), sino porque el estudio del efecto de agentes ambientales es siempre complicado. Es comprensible la controversia al respecto. El grado de exposición, así como la frecuencia y el modo en que ocurre, pocas veces puede ser controlada de manera tan estricta como para aislar completamente el factor que se hipotetiza como dañino. No obstante, no se puede negar el valor de las investigaciones la respecto, y el gran favor que han hecho en la protección de la salud pública y el desarrollo de nuevos agentes químicos más seguros.

Habrá que ver cómo evoluciona el asunto. Este tipo de cuestiones siempre deben replicarse para comprobar la solidez de las conclusiones, pero tampoco se puede negar la validez de lo demostrado hasta ahora.

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Referencia: Grandjean P, Landrigan PJ. Neurobehavioral effects of toxicity development. Lancet Neurol, 2014; 13:330-338

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