Hablando de personalidad

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Esta no es una entrada cualquiera. Y no lo es, básicamente, porque no la he escrito yo.

Hacía un tiempo que me rondaba la cabeza la idea de contar en alguna ocasión con colaboraciones en el blog de personas a las que respeto y cuya visión sobre distintos temas me parece muy interesante. Mi amiga Ana es una de esas personas. No me voy a extender mucho presentándola, mejor que os cuente ella. Prefiero que sean su palabras las que hablen por ella misma. Que si no, luego dice que creo falsas expectativas. Comprobad por vosotros mismos que no exagero nada.

Aquí os dejo con ella hablando de personalidad.

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La verdad es que cuando Ernie me propuso colaborar en su blog, tuve una sensación extraña, por una parte, como fiel seguidora de su blog (de hecho es el único que leo y sigo) era un orgullo formar parte de él; por otra, era un responsabilidad, ya que visto el carácter académico y de difusión de la ciencia del blog y mi virtud de escribir “tonterías” me parecía que no casaba bien. Por ello, de antemano, pido perdón si no está a la altura lo que escriba o si alguien pediría más de una entrada, que no puede hacer sombra a la sabiduría que aquí se acumula de manos de mi colega y amigo. Empecemos.

Esta entrada va a tratar un tema común y aparentemente sencillo, la personalidad. Es el campo en el que he trabajado desde hace seis años, y aunque me produce una sensación de miedo, o de vértigo quizá (por su complejidad y profundidad), creo que es un tema que, a pesar de irse de la línea de los temas del blog, es interesante y cotidiano, en el sentido de asequible para cualquier lector o lectora.

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¿Personalidad?

¿Personalidad?

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Si los blogs fueran perfectos en estos momentos lanzaría dos preguntas a los y las lectoras y recibiría feedback inmediato para empezar a redactar, pero esto no es posible. Así que, usaremos la imaginación. ¿Cuántos y cuántas conocen a alguna persona que no tiene personalidad? Vale, bien, así a groso modo, veo unas cuantas/bastantes, manos levantadas. Y otra preguntita más, ¿quiénes no conocen a alguien que tiene dos personalidades (o alguna más)? Bien, cómo esperaba, hay manos alzadas…

Pues siento romper sus esquemas tan pronto, pero nadie puede no tener personalidad, y nadie puede tener más de una única y propia (mini punto para los y las que no han alzado las manos 😉 ). Y es que, lo que se conoce “socialmente” como una persona que no tiene personalidad, es, en sí, una forma de ser, una personalidad con unos rasgos concretos (lo abordaremos con más detalle un poco más tarde), y de igual manera pasa con lo que se conoce como aquella “que tiene más de una personalidad”…

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Viñeta del gran Montt acerca de la personalidad

Viñeta del gran Montt acerca de la personalidad

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La personalidad es una de las principales áreas de investigación en psicología, que a lo largo de la historia ha recibido distintas conceptualizaciones, según la perspectiva o el marco teórico que la ha abordado. Desde la teoría de los 4 humores o temperamentos 1,2, a la perspectiva biodisposicional 3, distintos autores han elaborado definiciones y modelos acerca de la personalidad.

(En adelante, me basaré en la perspectiva biodisposicional, la que tiene mayor evidencia y consenso científico, y que explicaría que existen rasgos, características psicológicas generales, individuales e internas; que dan consistencia a la conducta, a los pensamientos y a los sentimientos).

Puesto que sería una locura recoger todas las definiciones y modelos existentes aquí, para que todos y todas nos hagamos una idea, la personalidad se podría definir como “un patrón de pensamientos, sentimientos y conductas relativamente estable y consistente, que distingue a una persona de otra” (Eysenck, 1987). Es decir, sería la forma de pensar, ser y actuar que cada cual de nosotros y nosotras tiene en general, en las distintas situaciones.

Pensad en cómo es cualquier amigo, por ejemplo, en Carlos o Marta; y decid qué estáis pensando… pues bien, acabáis de dar una definición general de su personalidad, e involuntariamente habéis destacado las características más relevantes en él o ella. ¿Por qué? Pues es simple, la personalidad es un conjunto de rasgos (p.e. optimismo, simpatía, generosidad, impulsividad, altruismo, autodisciplina…) que compartimos todas las personas, pero cada una de una manera distinta. Es decir, todos y todas somos, por ejemplo, responsables, pero cada uno “a nuestro nivel”, hay quienes son muy poco responsables y hay quienes tienen como bandera vital la responsabilidad. Por ello, aquello que más nos define es lo que destaca, respecto a lo que sería “normal”.

Según la definición anterior, la personalidad es relativamente estable y consistente, y es que cualquiera podemos decir que, en el fondo, somos como hace, por ejemplo, 10 años; pero hay características en las que no somos igual, por lo tanto hemos cambiado. ¿Es posible? Sí, la personalidad incluye tanto la estabilidad como el cambio, ya que si no existe estabilidad perfecta existe cambio, y si no existe un cambio continuo, existe estabilidad. El desarrollo de la personalidad, es un complejo y profundo tema, que requeriría unas cuantas entradas, pero como principales conclusiones de las investigaciones expongo tres:

  1. La personalidad es, en gran medida, más estable que cambiante (aunque cada persona es un mundo, hablamos de términos poblacionales)
  2. Existen cambios normativos: lo que se traduciría en que las personas cambiamos de “igual manera” con la edad. La personalidad madura y con los años, nos hacemos más responsables, extrovertidos, emocionalmente más estables y más amables. Además, durante la adolescencia seriamos más abiertos a la experiencia, a otras formas de pensar o a nuevos valores, pero con el paso de los años, nos haríamos más conservadores.
  3. Tanto la estabilidad como el cambio tienen influencia biológica (genética) y ambiental, aunque el ambiente influye, sobretodo, en el cambio (ejemplo de influencia biológica sería la maduración del córtex frontal, y un ejemplo de influencia ambiental, la adquisición del rol de adulto).

Y para finalizar, volviendo a las preguntas del inicio y con las pinceladas que he expuesto, lo que conocemos como una persona que no tiene personalidad, podría decirse que sería alguien poco asertivo, fácilmente influenciable, inseguro, ansioso socialmente y poco crítico (entre otras, algunas de sus características de personalidad). Y respecto a aquellos que tienen dos (o más) personalidades, serían por ejemplo, personas cambiantes emocionalmente, inestables, poco rígidas en sus actitudes y valores… aunque aquí cabrían mil combinaciones posibles de distintas características de personalidad que podrían definirlas.

¡Esto es todo! Espero que les haya gustado, y agradecer a Ernie la oportunidad de colaboración, gran investigador y mejor amigo.

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Referencias

Eysenck, H. J. y Eysenck, M. W. (1987). Personalidad y diferencias individuales. Madrid: Pirámide.

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6 pensamientos en “Hablando de personalidad

  1. Tenías razón. No está a la altura.

    XDDDDDDDD Me ha parecido muy interesante y didáctico, muy accesible para los que no tenemos conocimientos específicos en la materia. ¡Bravo! (me elvanto, aplaudo y me prendo fuego y salto por la ventana XD).

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    • Jajajajaaja… ¡¡Gracias!! No esperaba tan efusiva respuesta a la entrada, así que sólo espero que el salto haya caído en blandito y las quemaduras sean como mucho de primer grado!! 😉

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  2. Me encanta este tema, pero como siempre que habláis los listos, ¡tengo preguntas!

    Los trastornos de personalidad —los puramente patológicos, los de las pelis— ¿modifican de verdad la personalidad de tanto en tanto? Quiero decir, ¿una enfermedad puede hacer que pases de ser empático y soñador a cruel y pesimista? ¿O tu personalidad real siempre está ahí, aunque quede enmascarada?

    Cuando las personas nos enfrentamos a situaciones extremas, ¿qué papel juega nuestra personalidad a la hora de reaccionar? Por ejemplo, yo puedo ser una persona tranquila y amable, pero ante una catástrofe reaccionar de forma impulsiva y egoísta. ¿Mi personalidad también me define en situaciones desconocidas para mí?

    ¿Cómo de fácil es modificar la personalidad de un tercero? ¿Hay terapias específicas para cada rasgo? ¿La cualidad de ser influenciable es un rasgo de personalidad?

    Me pasaría el día haciendo preguntas, jeje. ¡Gracias por la entrada!

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    • OMG Jacobo!! jajajajaja… ¡¡me encanta!! A ver, vamos por partes…
      Los trastornos de personalidad no es que modifiquen la personalidad, es que la persona que lo padece cuando la personalidad se va definiendo (esto sería entre adolescencia-etapa adulta) se define su personalidad ya como patológica, es decir, no se modifica, se es así… En lo que te refieres a que si la personalidad puede cambiar, por enfermedad, o por sucesos muy trágicos (p.e. un atentado, una violación…), o incluso por consumo de drogas; sí, puede cambiar, por eso me refería en el texto a que me he basado en datos poblacionales, pero a nivel individual, sí, se podría cambiar de esa manera y no se quedaría enmascarada la personalidad, a excepción del consumo de drogas, que dependería de las áreas de consumo afectadas, pero que se podría volver a ser el de antes, por decirlo de alguna manera.
      Sobre cómo actuar en situaciones límite, tu personalidad te sigue definiendo; si eres amable, no actuarás de forma egoísta o estas haciendo un papel de amable toda tu vida… una de dos! jajajajaja… es más, ante situaciones límite, nuestros rasgos puros se verían mucho más acentuados si cabe (eso en general).
      Lo de cómo de fácil es modificar la personalidad de un tercero, no se a qué te refieres concretamente, pero a ver si te sirve mi repsuesta… En principio, dependería del rasgo, de la voluntad de la persona, de… mil cosas! Por ejemplo, se puede enseñar a una persona a ser menos despistada, haciendo que utilice horarios, practicando las rutinas, enseñándole hábitos; o a ser más responsable, con ejercicios de autodisciplina; o a ser menos ansioso, trabajando los pensamientos, exponiéndole a las situaciones que mayor ansiedad le crean (previamente preparándole para hacer frente), o con ejercicios de relajación… aunque fácil… no es nada! En mi tesis una de las preguntas fue sí consideraba que igual que para favorecer el desarrollo de la inteligencia hay escuelas, si para la personalidad consideraba que debería trabajarse para su desarrollo más adecuado. Mi opinión es que la personalidad se puede modular, pero no cambiar; la persona tenderá a ser como es, pero en una sociead en la que a nivel emocional estamos tan “subdesarrollados”, considero que sé deberían trabajarse ciertas áreas de la personalidad. El rango de cambio también depende mucho de la persona, de su voluntad, del rasgo, del profesional que le trate, etc. Por otra parte, las terapias sí pueden (y deben) adaptarse a las características de cada persona y sí pueden utilizarse para este objetivo.
      Y ya por último, ser influenciable (acertaste) es un rasgo sí!
      (¡alé! tochazo…)

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  3. Gracias Ana por dejarte caer y liberarnos del pelmazo de Ernie y sus neurotransmisores!!! Es broma, jejeje. Ernie, lof yu.
    El tema mola un montón, siempre me ha gustado…
    A ver si me sirve y puedo contestar alguna pregunta con lo que nos acabas de repasar!

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    • Oooh, Andrés!! Me ha encantado tu primera frase!! jajajaja… Sí necesitas alguna cosa o aclaración, pide, no te cortes!! 😉 Se podría hablar demasiado del tema y no quería ser una entrada de “contenido denso”, así que pregunta lo que sea.
      pd: ánimo con el mir, por cierto!

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