The weight of a nation (I) – Consequences

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De forma poco intuitiva, el primer capítulo del documental «The weight of a nation» se titula Consecuencias, y es un acercamiento epidemiológico al problema de la obesidad. La forma más común de medir el estado de salud de una persona en función de su peso es el conocido Índice de Masa Corporal (IMC), que se obtiene mediante esta fórmula:

IMC = Kg / m2

Según el resultado de la operación, una persona puede presentar Infrapeso (IMC < 18,5), yendo desde la delgadez no muy pronunciada (IMC < 18,4) a la delgadez extrema (IMC < 16); Peso normal (18,5 < IMC < 24,9); Sobrepeso (IMC ≥ 25); Preobesidad (25 < IMC < 29,9); Obesidad (IMC ≥ 30); y Obesidad mórbida (IMC ≥ 40). Es cierto que esta fórmula deja fuera muchos matices, como la complexión o el tipo de tejido del que proviene el peso, pero a pesar de la polémica, el IMC es una medida indicativa muy útil. Tomando este índice como referencia, la última encuesta realizada por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades concluyó que el 68,8% de la población adulta estadounidense tiene sobrepeso u obesidad.

Uno de los puntos en que se centra este primer capítulo es la relación entre la obesidad y las alteraciones cardíacas. Desde hace años se sabe que existe una correlación entre el sobrepeso y varios indicadores de complicaciones cardiovasculares, como la presión sanguínea elevada. Lo que no se sabía hasta hace menos tiempo es que esta relación es posible detectarla ya en los niños. Esto ha sido posible gracias a un estudio que se empezó en la década de 1970. El Estudio cardíaco de Bogalusa (Louisiana) registró todos los parámetros que a priori podían contribuir al desarrollo de enfermedades cardíacas en la adultez (entre ellas, el peso), en más del 90% de la población infantil. Este estudio fue el primero en el mundo en realizar estudios post mortem de niños, fallecidos tanto por accidente cardiovascular como por otras causas. Analizando varios resultados, se descubrió que el 20% de los niños muertos por accidente cardiovascular que fueron sometidos a la autopsia tenían depósitos de grasa en las arterias coronarias. Estos mismos niños habían presentado en sus variables colesterol alto y presión sanguínea elevada.

De los niños incluídos en el estudio, el 77% de identificados como obesos lo siguen siendo hoy. Por contra, sólo el 7% de los entonces niños no obesos entran a día de hoy en esa categoría. Según un estudio de 2009, el 50% de la población infantil de Bogalusa tiene sobrepeso o es obesa. Esto significa que la obesidad infantil de EE.UU. ha aumentado más de un 700% en 40 años. En palabras de Peter Katzmarzyck, epidemiólogo del Centro de Investigación Biomédica de Pennington, «nuestra biología ha cambiado muy rápidamente, en un periodo de tiempo extremadamente corto en términos evolutivos»

Lo grave de este escenario es que no se limita únicamente a Bogalusa, sino que se repite por todo el país. Más aún, en las últimas décadas no ha parado de crecer, llegando a dispararse a partir de 1980, donde se pasó de un 13% a un 21%, hasta llegar a casi el 35% por ciento de hombres adultos con obesidad (datos de 2008). Y lo mismo se da en las mujeres, siendo el aumento de estas incluso mayor.

(Extraído de «The weight of a nation (1 of 16) – Consequences»)

Sin embargo, aunque es cierto que la escalada de obesidad de las últimas décadas afecta a la población en general y  puede observarse a lo largo de todos los estados del país, es interesante destacar que uno de los datos más replicados en relación al crecimiento de estas patologías es que la incidencia, tanto de la obesidad como la diabetes, es significativamente más alta en las comunidades que se sitúan en un estatus socioeconómico más bajo. Es más, de los 10 estados con un índice de obesidad más alto, 9 son de los más pobres del país. A este respecto, resulta alarmante saber un niño nacido en el 2000 tiene un 33% de probabilidades de desarrollar diabetes, y que si, además, es latino o negro, la probabilidad es de un 50%. Estadísticas muestran que el 39% de los niños con sobrepeso u obesidad presentan dos o más factores de riesgo cardiovasculares, y que ambos estados aumentan un 52% las probabilidades de desarrollar asma.

Según el Instituto Nacional de Salud (NHI, por sus siglas en inglés), existen 7 puntos que prácticamente garantizan una salud cardiovascular ideal

  1. Niveles de colesterol óptimos
  2. Presión sanguínea dentro de los parámetros normales
  3. No tener diabetes
  4. Tener un peso normal (IMC entre 18,5 y 24,9)
  5. No fumar
  6. Ejercicio físico habitual (al menos 150 minutos semanales)
  7. Seguir una dieta saludable

Menos del 1% de la población estadounidense cumple con estos criterios. De entre estos, destaca especialmente el fumar y la presión sanguínea. El 69% de las personas que sufren su primer infarto y el 74% de los que sufren embolia presentan una presión sanguínea elevada, directamente relacionada con el sobrepeso.

Hoy se sabe que la grasa depositada en el abdomen libera hormonas capaces de interactuar con las células del tejido cardíaco o pancréatico. En este sentido, existe un gran volumen de investigación que sugiere que la grasa abdominal es la principal causante de la resistencia a la insulina (de la que trataré con detalle en otras entradas), y que ambos factores combinados son dos de los principales disparadores de diabetes tipo II.

Uno de los problemas principales de la obesidad es que ningún órgano del cuerpo es inmune a su efecto. Así, se sabe que el 66% de las personas con artritis tiene sobrepeso; que las personas obesas presentan un 83% más de probabilidades de padecer patologías renales y un 80% más de desarrollar demencia; y que el 20% de las muertes por cáncer en mujeres, y el 14% de las muertes por cáncer en hombres, pueden ser atribuídas directamente al sobrepeso y la obesidad. A día de hoy, 25 millones de estadounidenses tienen diabetes. Y 79 millones son considerados prediabéticos.

Todas estas situaciones, todos estos escenarios, han empezado a generar un intenso debate entre los responsables del país. Como señala Shiriki Kumanyika, catedrática de Epidemiología de la Universidad de Pensilvania, «cuando este problema afecta a un sector marginal de la población, o a un grupo poco relevante, puede “dejarse a un lado”. Pero cuando la situación empieza a afectar a todos los escalafones de la sociedad, incluidos los niños, es un tema que no puede quitarse de encima de la mesa». Siendo así, una de las preocupaciones principales en EE.UU, además del enorme coste que supone para el sistema sanitario, es que el sobrepeso y la obesidad están mermando a la sociedad de una forma tal que dentro de unos años puede que la fuerza de trabajo principal del país se vea seriamente mermada. Cuando 2/3 de la población tiene problemas físicos que afectan tanto la productividad como al bienestar individual, el resultado es fatal. No es aceptable que por culpa de malas políticas alimentarias y una educación física y nutricional defectuosa, las competencias productivas de todo un país se vean deterioradas. Y eso es lo que, al parecer, está comenzando a ocurrir.

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En el próximo capítulo: Decisiones.

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2 pensamientos en “The weight of a nation (I) – Consequences

  1. siendo la alimentación una necesidad básica tan primordial, resulta curioso que pueda llegar a ser el principal inconveniente de vivir, trabajar o incluso ser feliz diría yo… flipante solo el primer dato que has dado “el 68,8% de la población adulta con obesidad o sobrepeso”, y sobretodo todo lo relacionado con los pobres niños que comen lo que se les da o permite… una sola reflexión, ¿cómo es posible que la realidad se distancie tanto del estereotipo yankee que nos venden las películas americanas?

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    • Como dices, es muy paradójico el asunto este de la comida, sí. Y es una lástima, porque invirtiendo mínimamente se ha demostrado que se puede hacer mucho bien contra esto 8en próximos capítulos =b). Lo de la distancia con la realidad, yo creo que es porque en las películas venden el estereotipo al que solamente pueden aspirar las personas con recursos. Y así estamos.

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