Reserva cognitiva

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Hace unos días asistí a una charla sobre Alzheimer. La impartía Alberto Rábano, como parte de una asignatura en el Máster en envejecimiento que oferta la Universidad de Murcia. Fue entretenida y muy ilustrativa, al menos para mí, que todavía me encuentro un poco inseguro en estos terrenos.

Durante la presentación se habló de muchas cosas: qué define una demencia, qué características comparten algunas de ellas, criterios diagnósticos, etc. Especialmente llamativo resultó para mí la parte del diagnóstico. Si me conocéis, probablemente os sorprenda, pero en relación a este tema se introdujo un concepto del que había oído hablar de pasada, y que explicado allí, me llamo mucho la atención: la reserva cognitiva.

Uno de los descubrimientos que más intrigó (y todavía lo hace) a los fisiopatólogos que estudiaban la Enfermedad de Alzheimer (EA) hace años, fue que en exámenes postmortem, un porcentaje de los pacientes control (sin déficit cognitivo) presentaban un nivel de deterioro cerebral similar a los pacientes con EA. Eso condujo a la idea de que estas personas, a pesar de tener Alzheimer*, debían tener también algún tipo de reserva que les permitiera escapar de desarrollar los síntomas.

Lo que la reserva cognitiva es, no obstante, parece que no está claro. Ni si quiera hay acuerdo en el enfoque, ya que podría referirse tanto a un mayor número de conexiones neuronales ante un ritmo normal de deterioro, como a un mecanismo protector que retrasa el ritmo del deterioro, sin que la persona presente un grado de sinapsis mayor. Lo que sí está claro es que resulta variable de unas personas a otras, y tiene algo que ver con el tejido cerebral. Hoy se sabe que más del 30% de las personas que fallecen sin demencia tienen en su cerebro lesiones iguales a las que se ven en pacientes con EA. Esto arroja sobre la mesa la propuesta de un tipo de Alzheimer asintomático, caracterizado por deterioro estructural pero no funcional. Similar a lo que ocurre en algunos pacientes con VIH, portadores del virus pero que no llegan a desarrollar el SIDA, bajo esta forma de EA se desarrollan las lesiones características en el cerebro, pero no el trastorno cognitivo asociado. No obstante, a pesar de lo que queda por conocer de este fenómeno, la investigación sí ha sacado a la luz algunos factores que intervienen en él.

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Ejercitar el cerebro, la mejor opción

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Muchos estudios longitudinales han proporcionado información sobre el ambiente y el estilo de vida de estas personas. Así pues, no sólo tiene que ver con un punto de partida diferente para cada persona como resultado de los genes y el desarrollo cerebral, sino que da pie a modificaciones mediante la experiencia. En general, la habilidad del cerebro para tolerar mejor los efectos de la patología asociada a la demencia, puede ser el resultado de una capacidad innata o de los efectos de las experiencias vividas. Siguiendo esta línea, la reserva cognitiva se considera como un mecanismo activo.

Una cosa que parece clara es que la reserva cognitiva se relaciona directamente con el nivel de educación. La reserva cognitiva plantea que ciertas variables como el logro educativo y ocupacional proporcionan un factor protector contra la expresión clínica de la demencia, pero no contra la patología que subyace a la enfermedad. Más concretamente, parece que la cantidad de años de educación que alberga una persona correlaciona negativamente con el ritmo del deterioro. Otro factor que parece contribuir al retraso de los síntomas es la calidad de las redes sociales del paciente, entendida como el número de personas con las que este se relaciona de forma habitual. Se ha sugerido que la calidad de este tipo de comunicación retrasa la aparición de los síntomas.

Una de las posibilidades que se ha sugerido para explicar estos efectos es que la reserva cognitiva permite y actúa mediante mecanismos de compensación. De esta forma, los individuos con una mayor educación, un mayor nivel ocupacional o una mayor inteligencia premórbida, compensarían con mayor éxito la patología de la enfermedad por recurrir a estructuras, redes y conexiones neuronales que no se están sujetas a una demanda excesiva en sujetos sanos.

Me parece algo fascinante.

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* Se puede diagnosticar Alzheimer después de morir a personas sin síntomas cognitivos ya que el único diagnóstico 100% confirmatorio y efectivo es el examen postmortem.


5 pensamientos en “Reserva cognitiva

  1. Pingback: Reserva Cognitiva | Alzheimer Universal

  2. Pues la verdad es que sí costaría bastante. Además, hay que pensar que para eso entran en juego otros factores, como el sí de los responsables del muerto a que le abras la cabeza y le extraigas muestra. Aún así, en España existen algunos bancos de cerebros para este fin, uno de ellos está en Murcia, precisamente.

    Respecto a la inteligencia premórbida, así rápido y corto, es un índice que evalúa tanto el deterioro cognitivo, como el máximo nivel de funcionamiento que puede conseguir una persona en rehabilitación; un indicador del potencial de recuperación cognitiva. En este enlace dejo un artículo al respecto:

    http://www.4shared.com/document/jaVBGZ0O/q050431.html

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  3. Me parece un tema apasionante !. ¿Resultaría muy costoso (monetariamente hablando) q. por ejemplo se realizara ese diagnóstico postmortem a cada cadaver en el momento de la autopsia?. Lo digo para poder tener muchi´simos más datos.
    Otra cosa, ¿´q es la inteligencia premórbida?
    Besitos
    (me encanta leerte aunq. me hagas pasar sueño🙂

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