Dos cerebros, una visión del mundo

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Hace cinco años, nacieron dos niñas en Vernon, EE.UU., con una peculiaridad: craniopagus. Lo tremendo de este caso es que, a diferencia de otros pares de gemelos, estas niñas no están unidas por la corteza, sino por una estructura muy particular: el tálamo.

El tálamo es una estructura simétrica situada en el centro del encéfalo, bajo la corteza, el cuerpo calloso y los ganglios basales. Para describir todas las funciones en las que participa, se necesitaría un blog entero, pero baste decir que, fundamentalmente, sirve como centro de control sensorial; es el lugar al que llegan todos los inputs sensoriales, antes de ser procesados a un nivel más elevado en sus respectivas áreas corticales.

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El tálamo, justo en el centro

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El New York Times dedica un reportaje a estas niñas (como antes hiciera el canal Discovery o National Geographic Channel). De este, hay algunos fragmentos que me han parecido especialmente interesantes.

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«De pronto, las chicas se levantaron de nuevo, con renovada energía, y Krista alcanzó un vaso con una pajita en la esquina de la cuna. “bebo muy, muy, muy, muy deprisa”, dijo, y comenzó a sorber el zumo muy fuerte, haciendo una mueca por el esfuerzo. Tataiana estaba, como siempre, sentada a su lado, pero sin mirarla, y de repente sus ojos se abrieron. Se puso la mano justo debajo del esternón y pronunció una palabra invitando a un mundo de posibilidades: “Whoa!”»

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Pudiera ser que alguien piense que es coincidencia, ya que bien podría tratarse de una historia fantástica. Sin embargo, sabiendo la función de esta estructura, compartiéndola, la pregunta más lógica es si realmente comparten a su vez las sensaciones ¿percibe una las sensaciones de la otra? Pues sí. Y eso es lo asombroso de este caso.

Una de las pruebas experimentales de esta sensación común la obtuvo el neurocirujano Douglas Cochrane, del British Columbia Children’s Hospital. Durante la prueba, se tapó los ojos de Krista mientras se emitían destellos de luz a Tatiana. La actividad cerebral de ambas se registró mediante EEG, y resultó que el córtex occipital de Krista se activaba de manera idéntica al de su hermana (el córtex occipital es el encargado de procesar la información visual).

Este fenómeno supone un gran reto, no sólo para los estudiosos de la neurofisiología, sino para todos los interesados en los procesos de formación del yo y otros constructos sociales.

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«“Tengo dos trozos de papel” dijo Krista. Las chicas se sentaron en una pequeña mesa del comedor, dibujando, sus caras, como siempre, alejada una de la otra. Cada una tenía un trozo de papel. Así que me sorprendió la seguridad de Krista: tenía dos trozos de papel? “Sí”, dijeron las chicas en su frecuente tonadilla al unísono, asintiendo juntas. Fue uno de esos momentos que los neurólogos y psicólogos, o cualquier observador curioso hubiera pasado horas contemplando. ¿Estaba Krista utilizando “tengo” para referirse tanto a su papel como al de su hermana? ¿Está Tatiana de acuerdo con la evaluación de su hermana a nivel cognitivo o pronuncia las mismas palabras simultáneamente por una razón que desconoce?»

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La dificultad y rareza de su caso hace que a los médicos les sea imposible estimar la evolución que desarrollarán los cerebros de ambas. La forma en que están obligadas a percibir e interactuar con el mundo pudiera resultar en neuroadaptaciones no vistas antes. Todo esto, claro, si las chicas siguen gozando de la buena salud que presentan hoy en día, lo cual parece más que probable.

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Aquí, las señoritas =)

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Este tipo de cosas, a mí siempre me generan una sensación ambigua. Por una parte, me causa lástima y a la vez enorme curiosidad pensar en que estas niñas van a ser carne de estudio sine die. No está mal, por otra parte, ya que la familia que tienen parece bastante desestructurada, y ser objeto de interés les garantiza prácticamente un mínimo de cuidados.

Un tercer punto de debate surge cuando escuchas la historia del embarazo de la madre. De cómo, al recibir la noticia, tuvo la opción de interrumpir el embarazo, pero prefirió seguir adelante porque (cito) «tiene más respeto a la naturaleza que muchas otras personas». En una época en la que determinar futuras complicaciones de este tipo es cada vez más sencillo ¿cuánto vale arriesgar la calidad de vida de una potencial criatura? ¿Vosotros, qué haríais en un caso así?

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4 pensamientos en “Dos cerebros, una visión del mundo

  1. @Andrés XDDDD

    flipo mucho. Sobretodo con la anécdota de «tengo dos trozos de papel», ¡qué interesante!

    Respecto al debate, sin entrar en detalles y por tomar una postura clara, yo soy partidario de no dar vida sin garantías. Me da igual el respeto al sistema —la naturaleza— o a la sociedad, creo que lo primero es el respeto hacia tus hijos.

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  2. Bioética bonus track!!!

    Vi ese documental en casa este verano. FLIPÉ.
    Espero que dentro de unos años hagan otro con el estudio que les han hecho y las conclusiones.

    Sobre la bioética… por qué no sacas el tema un domingo? =)

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  3. buena entrada y “peazo” final!! preguntita polémica donde las haya, eh??
    el caso es super curioso, y creo que es complicado imaginarse cómo sería vivir como una de ellas, pero… sabiendo que carezco de instinto maternal, y considerandome a mi misma con respeto a la naturaleza…
    ¿¿la vida de estas niñas se puede llamar vida?? ¿¿ser el objeto de estudio de científicos es vida?? la verdad es que no sé qué habría decidido yo en ese momento, pero permitirle a la naturaleza que siga su curso, para no permitir o no poder permitir una vida “natural”, no sé hasta qué punto es un buen argumento… :S

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