10 efectos psicológicos de tocar

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De entre los sentidos, en mi opinión, el tacto es el más menospreciado. Tenemos unos 2 m^2 de piel sensibilidad, capaces de transmitir a 288 km/h le señal del ala de una abeja que cae en la mejilla a un centímetro de distancia. Bastante curioso, en mi opinión.

no todas las partes del cuerpo tienen la misma sensibilidad. El área encargada de recoger la información mecanorreceptora está representado el cuerpo en relación a la sensibilidad de cada parte del cuerpo. El resultado es una figura bastante grotesca, peor muy informativa.

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¡El homúnculo! Feo, ¿eh?

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Al menos un 70% de la información de las interacciones que establecemos con los demás provienen del lenguaje no verbal. Ni que decir tiene que la postura, la proximidad, y el contacto, son factores muy importantes a la hora de entender la comunicación con el otro. Dejando a un lado lo obvio del efecto del tacto en la conducta sexual, diversas investigaciones han estudiado el efecto psicológico del contacto y la influencia de este en la percepción del receptor, y cómo esto puede sesgar desde nuestra toma de decisiones a cómo de receptivos nos mostramos con la otra persona. Os traigo algunos ejemplos.

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Toque para dinero

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A finales del siglo pasado, varios investigadores quisieron comprobar la influencia del contacto sobre conductas relacionadas con el dinero. Kelinke, et al. (1977) demostraron que, con un ligero toque en el brazo, los usuarios de una cabina telefónica eran más proclives a devolver el cambio “olvidado” por un desconocido (el experimentador). En la misma línea, también se vio que la probabilidad de dejar más propina a una camarera aumentaba si esta había tocado antes a los sujetos (Crusco & Wetzel, 1984) (Y yo me pregunto, quién no? XD  =b).

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Toque para ayuda

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Se ha demostrado que es mucho más fácil que una persona ayude a otra si es tocada. En un estudio (Gueguen, et al 2003), se demostró que la probabilidad de que un desconocido ayudara al experimentador a recoger sus cosas del suelo, aumentaba del 63 al 90% cuando eran ligeramente tocados en un brazo.

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Toque para obediencia

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En los ’80, varios estudios obtuvieron resultados sobre la potenciación de la obediencia ante un ligero toque en la parte superior del brazo. Uno, por ejemplo, requería de los participantes que firmaran una petición. Un 55% de gente que no fue tocada accedió, frente al 81% que accedió y sí fue tocada (Willis & Hamm, 1980). En otro estudio, la misma prueba se llevó a cabo, peor esta vez pedían rellenar un cuestionario. En total, un 40% (no tocados) y 70% (tocados) de personas accedieron.

Es más, años más tarde se ha demostrado que este efecto aumenta si el toque se repite dos veces, en vez de una. Este hecho se comprobó cuando los investigadores pidieron a gente en la calle que completara un cuestionario. El grupo de los tocados resultó dos veces más accesible que el grupo que sólo fue tocado una vez (Vaidis & Halimi-Falkowicz, 2008). Además, se observó que este efecto era todavía más potente si el emisor era una mujer, y el receptor, un hombre.

Sin embargo, existen matices a esta regla. Cuando Dolinski, et al. (2010) realizaron este experimento en Polonia, los resultados reflejaron un claro sesgo hacia el sexo del emisor. En este estudio, los hombres a los que el experimentador pedía un favor mientras mantenía contacto con ellos, reaccionaron airadamente. Sin embargo, el resultado con las mujeres replicó los obtenidos en otros experimentos. Al parecer, esta diferencia se debe a un poderoso factor cultural, ya que en el estudio se observó después que esta reacción correlacionaba positivamente con altos niveles de homofobia.

En cambio, en Francia ocurre lo contrario. Según un estudio llevado a cabo por Erceau y Gueguen (2007), los hombres que eran tocados en el brazo durante sólo un segundo, eran dos veces más proclives a comprar un coche de segunda mano. Y no sólo eso, sino que el vendedor que entraba en contacto era percibido como más honesto, amigable y simpático. ¡Un segundo! Qué cosas…

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Toque para comunicación

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El contacto puede ocurrir de muchas y muy variadas formas, y puede comunicar diversas emociones o estados de ánimo. Para poner a prueba cómo de potente es este efecto, Hertenstein, et al. (2006) realizaron un experimento muy bonito. Mediante un toque en el antebrazo, los participantes tenían que informar de hasta 12 emociones distintas que estuviera sintiendo el emisor, al cual no veían. Tampoco podían ver el contacto en sí. Con todo, los participantes acertaron hasta un 83% en emociones como la ira, el miedo, el asco, la alegría, la gratitud o la simpatía, una tasa muy parecida a la que se obtiene en el reconocimiento visual. Impresionante, ¿no?

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¿Alguien tiene alguna experiencia al respecto que quiera compartir con el resto? ¡Sería interesante!

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