Pecados capitales

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Esta tarde tengo un perro tremendo. Muuuuucha pereza de hacer nada. Será que he comido un montón y me ha entrado la modorra, pero el caso es que estando así, y una vez planeados los experimentos de mañana, me he sentado a esperar a que Boss viniera para que le eche una mano con la presentación que se tiene que llevar a Brasil el lunes. Cuando lo pienso, me cabrea. Es decir, yo estaré aquí currando mientras él pasa una semana en Brasil presentando datos nuestros. Y aunque el tiempo que pase overseas coincida con Magdalena, a quién no le da envidia oír que su jefe se va una semana a Sao Paulo a gastos pagados. Pero tampoco me puedo quejar, porque la verdad es que últimamente tengo tanta faena acumulada como avaricia de datos, ya que parece que los experimentos están saliendo bien, y quizá el paper que salga de estos apunten bastante alto… Es para sentirse orgulloso, ciertamente. Además, aunque no me vaya a pasar la semana encerrado, lo que adelante me proporcionará un colchón de varios días libres para la última semana de abril, para la cuál tengo grandes planes, entre los que se encuentra intentar dar rienda suelta… Si has pillado la gracia del párrafo, sabrás cuál toca ahora =b.

Pues sí, los deadly sins, sobre alguno de los cuales ya se ha hablado aquí.

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Representación de los 7 pecados capitales

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Leí hace tiempo un artículo curioso acerca de los 7 pecados capitales; sobre cómo están mucho más relacionados con las emociones y la socialización que con la ética religiosa. Y cómo, hoy día, caer en la tentación de cada uno de ellos puede identificarse con una respuesta deficiente de control conductual. Sin embargo, con el paso del tiempo, los avances en investigación han descubierto el papel fundamental de muchos de estos pecados capitales sobre la evolución y desarrollo de la conducta social, así como en el refinamiento y funcionalidad de la respuesta emocional.

En este sentido, la envidia, la ira y el orgullo son reconocidas actualmente como emociones básicas, dado su caracter innato, su universalidad y su función en la evolución de los mamíferos. Mientras que la ira es una respuesta adaptativa ante una inminente ofensa y/o amenaza directa, las otras dos funcionan como mecanismos claros en la búsqueda y obtención de poder y estatus. Por otra parte, tanto la gula como la lujuria y la avaricia resultan mecanismos muy útiles a la hora de satisfacer necesidades básicas, como la comida o el sexo. La pereza, en cambio, sólo se me ocurre que pueda funcionar como un mecanismo que obligue al organismo a  descansar de vez en cuando, para evitar la extenuación. Aún así, es paradójico que mientras en la mayoría de faltas se critique el exceso de impulso, en una, la pereza, se reproche justo lo contrario: la falta de motivación total por cualquier cosa.

Teniendo esto en cuenta y dejando de lado el argumento moralista que dio pie a esta agrupación, estas conductas son, simple y llanamente, el resultado de problemas (puntuales) en la inhibición de la conducta.

Alguna otra vez he mencionado que el cerebro humano funciona inhibiendo la conducta. Es decir, impidiendo que hagamos cosas. Los animales somos, por definición, impulsivos, ya que el impulso viene fundamentado por la motivación, y la motivación es lo que nos mantiene vivos. Normalmente no tenemos problemas para realizar esta inhibición, ya que la corteza prefrontal, principal encargada de esta tarea, suele estar muy bien preparada para ello. Además, la presión social se encarga de convertirla en un mecanismo altamente cualificado desde la más tierna infancia. No obstante, el problema viene cuando estos mecanismos de inhibición son desactivados con demasiada facilidad. Somos humanos, pero no somos de piedra. Un sinfín de estímulos que bombardean mensajes de «Puedes tener esto; quieres tenerlo, quieres tenerlo YA», son piedras en el engranaje prefrontal. Más aún, si este bombardeo se produce durante los años en que esta región se desarrolla (hasta los 20 años, aproximadamente), aumenta muchísimo la probabilidad de construir un modelo de conducta basado en el refuerzo inmediato, más que en la valoración de posibles resultados futuros más beneficiosos.

La sociedad post-industrial ha crecido tecnológicamente a un ritmo imposible de seguir para nuestro cerebro. En este sentido, el desequilibrio que se ha creado puede dar pie a una lista de nuevos pecados capitales. Ojo, basados en qué tipo de conductas corrientes en esta era tecnológica son más susceptibles de ocurrir de la forma descrita antes, nada de argumentos moralistas. En el artículo que os comentaba proponen 6, dejando el séptimo para que cada uno ponga el que considere más adecuado:

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  1. Verosimilitud. Cualidad de basarse en hechos y conceptos que uno desearía que fuesen ciertos, más que en hechos y conceptos que se saben ciertos.
  2. Iphonofilia. También conocida como conducta de checking, aunque aplicada a los dispositivos móviles. Comprobar de forma constante e irrefrenable las listas de correo, redes sociales, mensajes de texto, notificaciones…
  3. Miopía narcisista. Tendencia a centrarse en uno mismo sin tener en cuenta que futuras generaciones pueden pagar los excesos que se cometan hoy.
  4. Mi Derecho. Es asumir de forma absoluta que las demandas de uno mismo sobre lo que es justo, no solamente deben ser atendidas, sino que deberían resultan de interés primordial para el resto del mundo, sin tener en cuenta lo trival o inconsecuente que puedan resultar, y sin considerar aquello que ha sido visto como justo hasta entonces.
  5. Abuso de móvil. Encantadoras conductas de hablar por el móvil como si no hubiera nadie más, no importa dónde ni el tema sobre el que se hable.
  6. Exceso de deuda. Comprar cosas fuera del alcance real de la capacidad de cada uno.

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¿Qué séptimo pecado creéis que iría bien con esta lista?

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4 pensamientos en “Pecados capitales

  1. Muy interesante. Aunque “Miopía narcisista”, “Mi derecho” y “Abusar del móvil” creo que se podrían meter en una misma categoría, ¿no? Son como tres formas de egocentrismo. Y el de “exceso de deuda” lo metería con el clásico avaricia 🙂

    Mi propuesta de séptimo pecado capital, en la onda de lo que hemos estado hablando en el foro, sería “la inamovibilidad”: la renuncia a cambiar la forma de pensar, o a escuchar y considerar opiniones diferentes a las nuestras “porque sí”, sobre todo en un mundo cambiante como el actual.

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  2. uhm… la verdad, complicada cuestión la de “crear” un séptimo pecdo capital… pensaré un nombre apropiada a la “cualidad de creer realidad aquello que se cuenta, hacer realidad la mentira estando completamente convencido/a de que la mentira se toca, se siente, se ve o se ha vivido”… ¿cómo se llamaría? a ver, un buen nombre, “falsa y ferviente fe” por ejemplo….
    ah! sobre la lista del artículo expresar mi aflicción a la cuarta opción (egoísmo en mi idioma), que a mi parecer “mata” más a la gente de alrededor que a quién lo sufre!! no quiero gente así! :S

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