Nadie te prepara para el éxito

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El otro día leí una noticia en Meneame acerca de un hombre que colgó el teléfono a un representante de la Apple store cuando le informaron de que había ganado 10.000  dólares. Al parecer, realizó la descarga 10.000 millones y le quisieron premiar por ello. Cuando descolgó el teléfono y se le comunicó la noticia, pensó que era una broma pesada y no hizo caso. Colgó. Eso me hizo pensar.

Todos queremos alcanzar el éxito en lo que hacemos. Todos. No hay quien se dedique a una tarea que quiera hacer mal (entiéndase a propósito, como forma de boicot; eso no cuenta). Sin embargo, la mayoría de gente es concsiente de que durante el proceso es posible que algo influya de forma que se nos joda el asunto. Las personas tenemos esa fantástica (y necesaria) capacidad para elaborar escenarios imaginarios en los que representamos las posibles consecuencias de las múltiples opciones que podemos escoger. Cada uno de esos escenarios prepara a nuestro organismo para responder emocionalmente de una u otra forma según el resultado. Esto lo hacemos contínuamente, aunque no siempre somos conscientes de ello. Es decir, el cuerpo es capaz de prepararse de forma inconsciente para amortiguar los posibles resultados de las infitas situaciones que nos podemos encontrar día a día.

En contra de lo que pueda parecer al observar a ciertas personas, a medida que crecemos nos hacemos más inteligentes. O si no más inteligentes, sí aprendemos a moderar mejor nuestras expectativas.

Las expectativas tienen que ver con lo que comentaba antes de la creación de distintos escenarios. Se podría decir que la expectativa es la probabilidad que uno atribuye a cada uno de esos escenarios. Así, una alta expectativa respecto al escenario X (qué sugerente) indica que la persona le atribuye una probabilidad alta de que ocurra. Como comentaba antes, en tanto que el cuerpo se prepara para recibir uno u otro escenario, se prepara con más énfasis para aquel al que se le atribuye una mayor probabilidad; para el que genera mayor expectativa. Cuando una expectativa se cumple, todo parece ir según el plan. Cuando se supera, nos alegramos por la sorpresa de ese extra a nuestro favor. Y cuando no se alcanza, nos desilusionamos y disgustamos. A nadie le gusta fallar en las apuestas.

Relacionado con todo esto está el caso del hombre que colgó el teléfono a Apple. En su experiencia, era mucho más probable que una llamada así se tratara de una broma que de un premio. Lo curioso es que esto ocurre incluso en el caso de no haber recibido nunca en su vida una broma telefónica o un premio. Y aquí viene el asunto de la entrada: no nos enseñan a esperar el éxito.

Hace un tiempo vi una entrevista a Jamie Foxx, en la que contaba todos los problemas que tuvo cuando despegó como estrella porque nadie le había preparado para ello. Y tenía razón. Desde que empiezas a darte cuenta de cómo va esto de la vida, a darte ostiazo tras ostiazo, reaccionamos de la forma más adaptativa posible: preparándonos para el error, para el fallo; de modo que cuando nos encontramos con una situación provechosa, nos abrumamos o le damos poco crédito.

La NBA tuvo hace años una gran idea. Al parecer, hartos de que las jóvenes promesas recién salidas de los institutos y las universidades se dedicaran a despilfarrar sus nuevas fortunas y andasen entrando y saliendo de diferentes berenjenales, planteó un programa obligatorio para los rookies (jugadores de primer año). El programa consiste en una serie de sesiones de a lo largo de dos semanas en las que se trabaja cómo manejarse con tanto dinero, cómo reaccionar ante los fans, cómo evitar a las y los aprovechados que te cogen por banda en una discoteca, te hacen pasar una noche de sexo loca y luego te denuncian por violación, etc. Cosas del día a día en el baloncesto estadounidense, vamos. El caso es que les preparan para el éxito.

Polémica aparte, creo que eso hace un poco de falta por aquí. ¿Quién no ha dicho ante una buena noticia «estas cosas a mí no me pasan, seguro que ahora viene algo malo», o «a ver lo que dura», o «prefiero no hacerme demasiadas ilusiones»? No voy a negar que esta es, desde luego, la opción más segura. Pero también, que quede claro, la más limitante. Hay un proverbio japonés que dice «Dar a luz es más sencillo que preocuparse por ello», refiriéndose a que el miedo que las situaciones provocan suele ser mayor a la peligrosidad de la situación en sí. Es lógico y adaptativo; te aseguras sobrevivir. Pero yo creo que las cosas buenas merece la pena experimentarlas plenamente.

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4 pensamientos en “Nadie te prepara para el éxito

  1. Sin embargo, una cosa no quita la otra.

    Yo me refiero al éxito no a largo plazo, al futuro, como el objetivo último de lo que estás haciendo. El éxito, como la felicidad, se puede obtener durante su propio ejercicio, mientras se hace algo. Si tu objetivo es vivir la vida en el aquí y el ahora y lo consigues, estás teniendo éxito. Hay mucha gente que desea seguir un estilo de vida para el que no pone los medios necesarios. Pero otros sí. Estoy de acuerdo contigo en que si no se entiende el éxito en ese sentido, vivir plenamente no es nada fácil, ya que, como dices, te obligas a anticipar y esperar contínuamente.

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  2. Discrepo con que todos queremos alcanzar el éxito con lo que hacemos… Muchos realizamos las cosas para disfrutar del proceso, no por el resultado final! Muchos nos aprovechamos del camino, para mí eso es la realidad de vivir plenamente! Éxito?? Sinceramente no busco el éxito, y cuando te refieres a éxito, te refieres a futuro… con lo que ya no se vive tan plenamente el proceso! prefiero el presente, es lo que sé que existe y respecto al proverbio chino, ya que incluye “preocuparse” añadiré aquello de: “preocuparse es ocuparse de algo futuro, previamente a que ocurra… en realidad no sabemos al 100 % que lo vaya a hacer, empleamos recursos y esfuerzo en anticipar, cuando lo más lógico seria emplearlos en la acción presente”… es complicado no anticipar, y es terriblemente tormentoso vivir anticipando, y anticipando, y anticipando….
    Crear expectativas?? quizá sea complicado no hacerlas, eso no lo dudo, pero no tienen porqué influir o porqué determinar la forma de actuar posterior… obviar un pensamiento en estado incesante de producción y que no es posible “desconectar” de forma sencilla (la técnica “STOP” auqnue compicada, con práctica funciona) no es fácil, pero dejar a la mente que “fluya” hacia un éxito que puede no ser el producto final e incluso puede no ser ajustado a nuestras capacidades, no es “sano”… Como conclusión, creo que lo más pleno es vivir en la realidad que tenemos, en este momento, en este presente y ya nos (pre)ocuparemos de los problemas cuando ocurran…

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