Om…

Leí hace unos días un artículo bastante curioso en Experientia docet sobre la meditación. En concreto, sobre la meditación y la telomerasa (el artículo original podéis verlo aquí).

La telomerasa es una enzima que contiene una molécula de ARN propia, la cual es utilizada a modo de plantilla para el alargamiento de los telómeros. Situados en los extremos de los cromosomas, los telómeros son los principales responsables del mantenimiento de la estructura del cromosoma, así como de la división celular y, en última instancia, la vida de estas. Albergan ADN de forma condensada, de este modo, al replicarse únicamente desaparecen un par de ellos y se minimiza la pérdida de cantidades importantes de ADN durante la división celular. Como resultado, se evita que el organismo sufra daños importantes cuando el cromosoma se copia.

Esquema de función de la telomerasa (fuente: Wikipedia)

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Pues bien, al parecer, los resultados de un estudio longitudinal llevado a cabo por un grupo de la Universidad de California (con Elizabeth Blackburn en sus filas) relacionan de forma consistente la actividad de esa enzima telomerasa con la práctica del entrenamiento intensivo en meditación. ¿Y por qué esto es interesante? Pues, principalmente, porque se conoce desde hace mucho tiempo los beneficios tanto psicológicos como fisiológicos que pueden derivarse de diferentes técnicas de meditación. De modo que este estudio lo que hace realmente es relacionar el bienestar psicológico con niveles altos de telomerasa, lo cuál resulta llamativo si se atiende a los resultados de otros trabajos que señalan la actividad de esta enzima como variable moduladora de la relación entre el estrés psicológico y la salud física (von Zglinicki, 2002; Sapolsky, 2004; Cherkas et al., 2008). El análisis que realizaron las investigadoras y su equipo concluyó que la mayor actividad de la telomerasa en los sujetos sometidos a sesiones diarias de meditación intensiva era consecuencia del beneficio psicológico de esas prácticas, medido como mayor percepción de control, mayor grado de realización y una reducida puntuación del rasgo neuroticismo en diferentes escalas.

Sin embargo, como bien comentan en el artículo de Experientia, hay que ser cauto a la hora de interpretar estos resultados. No se puede decir que practicar yoga te hace vivir más, como he leído por ahí en algunas páginas que se han hecho eco del estudio. El efecto positivo que puede tener la meditación es sobre el bienestar psicológico. Tampoco hay que olvidar que las personas que suelen mantener actividades de meditación de forma continuada, siguen un estilo de vida que generalmente va acompañado de rutinas y costumbres también beneficiosas para la salud, como una dieta más equilibrada o ejercicio diario. Las consecuencias de ese bienestar psicológico aumentado, una dieta más sana y hábitos saludables, etc., son las que pueden finalmente traducirse en factores que mejoren la capacidad y actividad de estas y otras enzimas encargadas del mantenimiento del ciclo vital de las células, como la reducción del estrés oxidativo o el mencionado alargamiento de los telómeros. Pero resulta interesante como fuente de evidencia acerca de cómo la salud psicológica puede mejorar ostensiblemente el bienestar físico.

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Referencia

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Jacobs T., Epel E., Lin J., Blackburn E., Wolkowitz O., Bridwell D., Zanesco A., Aichele S., Sahdra B., MacLean K. (2010). Intensive meditation training, immune cell telomerase activity, and psychological mediators. Psychoneuroendocrinology (in press).

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