Evolutivamente irresistible

Esta entrada la tengo escrita desde hace un montón de tiempo. Hace años, quizá. La tenía guardada en borradores desde antes de migrar a Wordpress. No sé por qué no la he publicado antes, ya que es un tema que me gusta mucho y me parece muy interesante: la nutrición.

Hace tiempo, Bian bromeaba con una teoría sobre la capacidad del estómago. Según su idea, en el estómago hay dos compartimentos: uno que se encarga de la digestión normal, y otro que se reserva para los postres, o los dulces, de forma que aunque estemos llenos siempre nos queda un hueco para ese trocito de chocolate tan apetitoso.

Obviamente, se trata de una broma, ya que mi primica es una protomédico muy lista y con una gran cultura general. Sin embargo, cuando me comentó esta idea me vino a la cabeza una cosa que leí sobre la predisposición biológica que tenemos los mamíferos por los alimentos con alto contenido calórico. Generalmente, también son estos alimentos los que mejor saben, pero según varias investigaciones, nos suelen gustar porque estamos biológicamente predispuestos para que así sea, independientemente del sabor que tengan.

Algunos alimentos contribuyen más que otros a la sensación saciedad. En un experimento realizado a partir de 38 alimentos comunes, los sujetos de ambos sexos ingerían alimentos de igual contenido calórico y se registraba su sensación de saciedad cada 15 minutos durante dos horas. La mayor capacidad de saciar siempre venía acompañada por niveles elevados de proteína, fibra y agua, mientras que los alimentos ricos en grasas presentaban una baja capacidad de satisfacer el apetito. Se demostró que las frutas y verduras (especialmente las patatas cocidas) llenan mucho y que la bollería, como los pasteles, los cruasanes y las galletas, son los alimentos que menos nos sacian.

Otros estudios al respecto obtuvieron que ratones modificados genéticamente para carecer de sentido del gusto, desarrollaron preferencia por el agua azucarada en comparación con el agua normal, lo que sugiere que detectaron el agua dulce porque fueron capaces de distinguirla del agua normal de algún modo, presumiblemente por la diferencia en el contenido calórico de ambas.

Los humanos, para variar, no somos muy diferentes.

El médico Iván de Araujo, coautor del estudio realizado por un equipo científico de la Universidad de Duke, apuesta a que el “sabor no es la única razón por la que nos gustan los alimentos muy calóricos. Incluso en caso de ausencia total de sabor, es posible desarrollar preferencia por las comidas con alto contenido de calorías”.

Se ha demostrado repetidamente que el sistema de recompensa del cerebro se activa cuando se está disfrutando la comida. El interrogante para los investigadores era si los sistemas funcionarían si el gusto no estuviera ausente. Pues, según dijo De Araujo, “el mecanismo cerebral responsable de las señales de refuerzo es sensible a la ingesta de la comida más calórica en ausencia de información sobre el sabor”. Este hecho puede explicar por qué algunos alimentos bajos en calorías no son populares, incluso si tienen buen sabor. Es posible que un “mecanismo biológico refuerce la ingesta de alimentos ricos en calorías”. El siguiente paso en la investigación es “comprender qué señales le indican al sistema de recompensas del cerebro que algo ha cambiado desde el punto de vista del metabolismo”, dijo el investigador, pues “cuando ingerimos calorías, cambiamos nuestro metabolismo”.

Anthony Sclafani, investigador del Brooklyn College de Nueva York, señaló que los descubrimientos son importantes porque son los “primeros que muestran que los nutrientes en los intestinos pueden activar directamente el sistema de refuerzo en el cerebro”. Agregó que los hallazgos podrían conducir a la mejor comprensión de los edulcorantes artificiales, “dulces en la boca, pero que, al contrario que los azúcares, no actúan en los intestinos para reforzar las preferencias de alimentos”.

Es un tema realmente interesante. Además, toca de pleno el campo en el que trabajo, ya que parece que está en auge la Hipótesis del aperitivo (como la llamaron en París), y cada vez aparecen más estudios relacionando la dependencia al alcohol con la ingesta de comida hipercalórica. Al parecer, el etanol es capaz de afectar a la homeostasis de hormonas como la grelina y elneuropéptido Y, dos sustancias con gran relevancia en el proceso de digestión. De este modo, parece ser que las personas con dependencia al alcohol, sustituyen su falta con alimentos muy calóricos, ricos en grasas e hidratos de carbono. Lo curioso, es que hay indicios de que esta relación es bidireccional, ya que los resultados de la mayoría de esos estudios observan cómo las personas con sobrepeso son las que más alcohol ingieren. No obstante, como os comentaba, es una línea que se está poniendo ahora de moda, y todavía falta mucho para poder llegar a conclusiones consistentes.

Me encantaría contar con las referencias de este tema, pero no las apunté  =S… Rookie mistake!

Anuncios

3 pensamientos en “Evolutivamente irresistible

  1. Pao, como siempre, en el calvo ;).

    Jack, eso es en parte cierto, pero no del todo. Es cierto que a más grasa corporal, más tejido sobre el que el alcohol se distribuye y más alcohol se necesita para que alcance niveles de concentración en sangre suficiente. Pero entran en juego otros factores importantes como la edad o el sexo (a las mujeres les afecta más, por ejemplo, porque fundamentalmente poseen un nivel de agua corporal menor y presentan actividad reducida en una enzima estomacal que es una de las primeras participantes en el proceso de metabolismo del alcohol, el cual se absorbe hasta un 20% en el estómago).

    En este caso no se trata de beber hasta alcanzar los efectos que cada uno busque, sino simplemente ingerir alcohol. Según la idea, las personas obesas tienden a consumir más, pero eso no quiere decir que necesariamente beban hasta emborracharse 🙂

    Me gusta

  2. Una de las razones por las que los obesos beban más que el resto de personas, ¿no podría ser que necesitan más alcohol para sentir el mismo efecto? Siempre he tenido entendido que la tolerancia al alcohol es, entre otros, factor del peso o índice de grasa corporal. ¿Esto es verdad? Si lo fuera, veo una relación bastante clara.

    En otro orden de cosas: chocolaaaaaaaateee, ggghhhh : )__

    Me gusta

  3. Una vez leí (creo que fue en primero) que el ser humano está evolutivamente preparado para preferir alimentos de alto contenido calórico, ya sean dulces (por ejemplo si tienen mucho azúcar) o salados (por ejemplo, embutidos y otros alimentos muy grasos). En el paleolítico, comer todas las calorías posibles era necesario para resistir en momentos de escasez, así que no me extraña nada que la preferencia se desarrolle incluso en ausencia del sabor, tratándose de algo tan importante para la supervivencia. 🙂

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s