Love is in the air… (II)

Vengo con la segunda entrega de estas que os comenté en el post anterior. Esta vez, le toca turno al impulso sexual, o el calentón, vamos. Seguro que todos sabemos de qué estamos hablando. Así pues, al tema.

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El impulso sexual

El impulso sexual se caracteriza por la urgencia de obtener una satisfacción sexual. En mamíferos no humanos, este impulso está mediado tanto por las hormonas androgénicas como por los estrógenos, mientras que en los mamíferos primates (y especialmente, los humanos), mandan las primeras (Edwards & Booth, 1994; Sherwin, 1994; Van Goozen et al., 1997).

El balance entre andrógenos, estrógenos y otros sistemas del organismo, así como las experiencias en la infancia y la edad adulta y un conjunto de otros factores biológicos y ambientales juega un papel en el cuándo, dónde y cómo expresan los individuos generalmente el impulso sexual. Sin embargo, aunque los hormonas androgénicas y gonadales son centrales para este impulso, no están vinculadas al amor romántico en los humanos. Es más, en ocasiones en que se administró andrógenos a sujetos para potenciar el impulso sexual, no hubo respuesta de enamoramiento. Estos dos sistemas neurales no funcionan en tándem en los humanos (Fisher et al., 2004). En el impulso sexual, la participación de las estructuras subcorticales en la respuesta a los estímulos es mucho más directiva y apremiante que en lo que respecta al enamoramiento. Y aunque las regiones neurales asociadas al impulso sexual se solapan con aquellas asociadas a la atracción, presentan muchas diferencias, lo que sugiere un sistema cerebral más primitivo, primario, para el impulso sexual, y otro más evolucionado para el amor romántico. En primer lugar, el impulso sexual se centra en un objetivo específico: la unión sexual con otro; el propósito del amor romántico está más dirigido hacia la unión emocional con el otro individuo. Segundo, el impulso sexual se expresa normalmente respecto a un rango de individuos y el amor romántico se centra en uno en particular. Tercero, el impulso sexual se calma cuando es satisfecho, mientas que el enamoramiento no se reduce con la consumación (en ocasiones, incluso se consolida), sino que puede perdurar durante meses o años. Cuarto, la mayoría de las personas adultas han mantenido relaciones sexuales con personas de las cuales no estaban enamoradas, y se han enamorado de otros con quienes no han practicado sexo. Y así podríamos seguir.

El deseo sexual permite a los individuos iniciar el cortejo y el emparejamiento con un abanico de parejas potenciales; la atracción y el enamoramiento, por otra parte, motivan el centrar la atención de su energía en un otro específico, lo cual resulta en parte ventajoso al ahorrar tiempo y energía metabólica.

A nivel neuroquímico, el impulso sexual se regula por un feedback positivo entre los sistemas hormonales que antes comentaba y el sistema dopaminérgico. En concreto, la liberación de dopamina es capaz de estimular una cascada química que implica la liberación de testosterona y estrógeno. Al mismo tiempo, estas dos hormonas tienen la capacidad de regular la pauta de disparo de las neuronas dopaminérgicas, aumentando su liberación. Experimentalmente, se ha demostrado que el bloqueo de la liberación de dopamina en ratas, disminuye muchas de las conductas disparadas por el impulso sexual, como la monta (Herbert, 1996). En otro tipo de estudios se vio que las ratas macho muestran un incremento en la liberación de dopamina en el estriado dorsal y ventral en respuesta a la presencia de una hembra receptiva (Robinson et al., 2002; Montague et al., 2004), incrementándose las conductas de tipo sexual en al menos tres aspectos: aumento del arousal y conductas de cortejo, potenciación de la conducta motora que implica la monta, y la facilitación de la respuesta genital a distintos tipos de estimulación (Pfaff, 2005).

Pero esta relación también ocurre en humanos (Heaton, 2000). De hecho, son comunes las referencias a los efectos inhibidores de la líbido en los pacientes tratados con antidepresivos. La mayoría de estos, afectan a la química de la serotonina, la cual es una reguladora directa de la liberación de dopamina. Cuando la serotonina permanece más tiempo disponible en la sinapsis, provoca una reducción de la liberación dopaminérgica y noradrenérgica de las neuronas de la sustancia negra. Y ya se ha comentado el importante papel que ambos neurotransmisores juegan en este proceso.

De lo que no hay duda es que la compleja interacción entre estas catecolaminas y hormonas gonadales da una pista de por qué el impulso sexual y la atracción se han incluído en una sola categoría conductual, como es la propiocepción. Sin embargo, parece claro que lo que en realidad ocurre es que dos sistemas distintos actúan de forma paralela con el fin de facilitar el objetivo final de mantener la especie a flote.

Así que, ¡mantened la especie a flote!

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(Fin del episodio segundo)

Referencias:
Edwards JN, Booth A (1994) Sexuality, marriage, and well-being: the middle years. In Sexuality across the life course (ed. A. S. Rossi). Chicago, IL: University of Chicago Press.
Fisher H (2004) Why we love: the nature and chemistry of romantic love. New York, NY: Henry Holt.
Heaton JP (2000) Central neuropharmacological agents and mechanisms in erectile dysfunction: the role of dopamine. Neurosci. Biobehav. Rev.; 24: 561–569.
Herbert J (1996) Sexuality, stress and the chemical architecture of the brain. Annu. Rev. Sex Res.; 7: 1–44.
Montague PR, McClure SM, Baldwin RP, Phillips PE, Budygin EA, Stuber GD, Kilpatrick MR, Wightman RM (2004) Dynamic gain control of dopamine delivery in freely moving animals. J. Neurosci.; 24: 1754–1759.
Pfaff DW (2005) Brain arousal and information theory. Cambridge, MA: Harvard University Press.
Robinson DL, Heien ML, Wightman RM (2002) Frequency of dopamine concentration transients increases in dorsal and ventral striatum of male rats during introduction of conspecifics. J. Neurosci.; 22 (10): 477–10 486.
Sherwin BB (1994) Sex hormones and psychological functioning in postmenopausal women. Exp. Gerontol.; 29: 423–430.
Van Goozen S, Wiegant VM, Endert E, Helmond FA, Van de Poll NE (1997) Psychoendocrinological assessment of the menstrual cycle: the relationship between hormones, sexuality, and mood. Arch. Sex. Behav.; 26: 359–382.

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