Love is in the air…

… Everywhere I look around.

Y es que, como dice la canción, el amor está por doquier. Pero vayamos por partes.

Esta es la primera de la que pretende ser una serie de entregas sobre la psicobiología de la conducta sexual. Me gustaría tener a mano los apuntes del Dr. Sanchís-Segura, pero me apañaré con algunos artículos que tengo por ahí. Tampoco pretendo dar un curso, es sólo que llevo algunas semanas chutándome bastante de esta mierda, y tenía ganas de escribir sobre ello =).

Lo tenía estructurado en 4 partes, pero lo dividiré finalmente en tres. La parte eliminada trata sobre el rechazo, lo cual, ahora mismo, es algo que ni se me pasa por la cabeza  =). La primera parte a tratar, esta, trata sobre la atracción por el otro y lo que se ha llamado amor romántico, o enamoramiento; la segunda parte tratará sobre el impulso sexual; y la tercera sobre el apego. Así pues, comencemos.


Se ha demostrado que el amor romántico, como se le conoce, es un fenómeno universal y transcultural. Llegados a este punto, pues, cabe plantearse lo mismo que con tantos otros fenómenos característicos de los humanos y otros mamíferos: será que la evolución lo ha considerado útil. Aún así, existe cierta polémica sobre la diferenciación entre impulso sexual, la atracción y el apego. El impulso sexual evolucionó para dirigir la búsqueda de las personas hacia un rango de parejas adecuado; la atracción evolucionó para dirigir la búsqueda hacia parejas específicas y preferidas; y el apego evolucionó como motivación para permanecer junto a la otra persona el tiempo suficiente para completar los deberes específicos de la cría.


Atracción y amor romántico

Todavía no se conoce por completo el mecanismo neural por el cual los individuos se sienten atraídos hacia determinados rasgos y centran su energía en un individuo en particular. Sin embargo, se cree que dos aspectos de la selección sexual pueden haber evolucionado conjuntamente. Por un lado, los rasgos y atributos desplegados para atraer pareja. Por otro, los mecanismos neurales de la atracción, que evolucionaron para permitir al observador discriminar entre varias de esas manifestaciones, sentirse atraído por algunas y buscar entre el rango de individuos que las muestran, sujetos específicos.

Tradicionalmente, los etólogos han equiparado este sistema motivacional/emocional al impulso sexual, pero existen diferencias. Por ejemplo, se puede distinguir entre la facilitación del arousal sexual dependiente del nivel hormonal y la expresión del acercamiento y otras conductas de cortejo. Uno de los autores que más trabaja y defiende la idea de diferenciación entre atracción e impulso sexual es Miller. Este autor defiende que varias de nuestras capacidades actuales debieron evolucionar para poder diferenciar y responder a los atributos de cortejo de los individuos atractivos. A estas cualidades las denomina “maquinaria mental” y “equipamiento de elección sexual“. Miller también distingue entre los “electores fríos” y “electores calientes“. Dentro de los primeros caben especies que se sienten atraídas por muestras ornamentales, sin sensación alguna de placer, como los insectos; los segundos incluyen aquellas especies cuya elección está dirigida por sensaciones subjetivas de placer, como los mamíferos.

Cuando se trata de la atracción, son varios los sistemas de neurotransmisión que han de tenerse en cuenta. El mismo Miller propone una implicación del sistema opioide en la base de las elecciones de pareja de estos “electores calientes“, aunque también es bien conocido el papel del sistema monoaminérgico (Dopamina, Norepinefrina). En concreto, Boyle sugirió una acción directa de este sistema en la preferencia de pareja, y parece que acertó, dados ciertos resultados obtenidos al respecto. Por ejemplo, se sabe que cuando una hembra de ratón se empareja con un macho, crea una preferencia distintiva hacia él, lo que se ha visto que va asociado con un incremento del 50% de los niveles de dopamina en el núcleo accumbens (Gingrich et al., 2000). También se ha comprobado que la liberación de la hormona luteinizante facilita de forma específica las conductas receptivas femeninas, y que la oxitocina y la vasopresina facilitan el reconocimiento social. Curiosamente, todos estos péptidos estimulan la liberación de monoaminas (Kendrick, 2000).

Se ha demostrado que existe una activación específica para la persona amada en regiones como el área tegmental ventral (ATV) derecha (Aron et al., 2005), resultados consistentes con otros de modelos animales, lo cual sugiere que las vías dopaminérgicas mesolímbicas (de las cuales ya hablamos en otro post) tienen un papel importante en la sensación de placer, focalización de la atención, motivación y conductas guiadas por un objetivo presentes en el amor romántico.

Otros neurotransmisores están también implicados. Por ejemplo, se ha dado relevancia al glutamato de la vía mesocortical, debido a su papel en la liberación de dopamina en el ATV (Legault & Wise, 1999) y su rápida señal hacia el córtex prefrontal durante la aparición de un refuerzo. Por su parte, la norepinefrina se ha asociado con las respuestas simpáticas periféricas, entre las que se incluye el aumento de la tasa cardíaca, la sudoración y el temblor; aunque la norepinefrina liberada centralmente puede estar contribuyendo también a ciertos aspectos del enamoramiento y la atracción (Fisher, 1998).

Dado que el amor romántico en los humanos (también, amor pasional o enamoramiento) es un fenómeno universal, dado que la característica central del amor romántico es la preferencia de una pareja específica y dado que el enamoramiento comparte con la atracción en otros mamíferos muchos rasgos, se ha planteado que el amor pasional es una forma evolucionada derivada del mecanismo neural para la elección de pareja en otras especies. En muchas de estas, el enamoramiento suele ser breve, durando únicamente minutos, horas, días o semanas; por contra, en los humanos puede durar de 12 a 18 meses, o incluso más. En humanos, el amor romántico se ha asociado con un set específico de respuestas fisiológicas, psicológicas y conductuales, muchas de ellas comunes con las que se observan en la atracción entre otras especies (Fisher et al., 2002, 2004).

El enamoramiento comienza con una persona considerando a otra como especial y única. El enamorado entonces fija su atención en la persona en concreto, engrandeciendo sus virtudes y minimizando y desdeñando sus defectos. El enamorado muestra un aumento de energía: éxtasis cuando la aventura amorosa está yendo bien y vaivenes emocionales cuando se presenta alguna adversidad. Paradójicamente, las adversidades y barreras realzan el amor pasional, un fenómeno conocido como “atracción por la frustración” (Fisher, 2004), algo que seguro casi todos hemos experimentado alguna vez. El enamorado sufre ansiedad de separación cuando se aparta de la otra persona, y un conjunto de reacciones autónomas simpáticas cuando está junto a ella, como sudoración y palpitaciones. Los enamorados son emocionalmente dependientes, en tanto que modifican su escala de prioridades y hábitos diarios por seguir en contacto con o impresionar a la otra persona. Se expresa deseo sexual hacia ella, así como una intensa posesividad sexual y celo por la pareja. Aunque el ansia del enamorado por el vínculo emocional supera el ansia por la consumación sexual con el otro. También son característicos pensamientos obsesivos sobre la otra persona, de tipo “pensamiento intrusivo”. Cabe señalar que el enamoramiento es, también, involuntario, difícil de controlar y, generalmente, temporal.

Y aquí es en que nos encontramos


(Fin del episodio primero)

Referencias:
Aron A, Fisher HE, Mashek DJ, Strong G, Li HF, Brown LL (2005) Reward, motivation and emotion systems associated with early-stage intense romantic love: an fMRI study. J. Neurophysiol.; 94: 327–337.
Fisher H (1998) Lust, attraction, and attachment in mammalian reproduction. Human Nature; 9: 23–52.
Fisher H (2004) Why we love: the nature and chemistry of romantic love. New York, NY: Henry Holt.
Fisher H, Aron A, Mashek D, Strong G, Li H, Brown LL (2002) The neural mechanisms of mate choice: a hypothesis. Neuroendocrinol. Lett.; 23(4): 92–97.
Fisher H, Aron A, Mashek D, Strong G, Li H, Brown LL (2002) Defining the brain systems of lust, romantic attraction and attachment. Arch. Sexual Behav.; 31: 413–419.
Gingrich B, Liu Y, Cascio CZ, Insel TR (2000) Dopamine D2 receptors in the nucleus accumbens are important for social attachment in female prairie voles (Microtus ochrogaster). Behav. Neurosci.; 114: 173–183.
Kendrick KM (2000) Oxytocin, motherhood and bonding. Exp. Physiol.; 85S: 111S–124S.
Legault M, Wise RA (1999) Injections of N-methyl- D-asparate into the ventral hippocampus increase extra- ceullular dopamine in the ventral tegmental area and nucleus accumbens. Synapse; 31: 241–249.
Miller G (2000) The mating mind: how sexual choice shaped the evolution of human nature. New York, NY: Doubleday.

11 pensamientos en “Love is in the air…

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  4. Ei, los etólogos son los descubridores de Sauel Etoo, venga hasta luego.
    Hoy me he vuelto a leer la entrada, porque como ya te dije me cuesta un poco entenderlo todo al no saber muchas palabras de las que utilizas pero coincido con @bian (para que luego no te quejes) en que es muy curioso que está todo demostrado al detalle, así que la persona que te haga creer en algo no demostrable científicamente habrá logrado un hito histórico.
    Sólo te digo que…
    ARRIBA LAS POWER BALANCE!!!

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  5. Muy interesante, Ernie! Siempre me flipa ver la de cosas que están demostradas hasta la molecularidad, por decirlo e alguna manera ^^

    Yo myself tengo que hacer una investigación original este semestre, así que a ver si se nos ocurre algo chachi (no creo que tanto como esto :P).

    No puedo esperar a que salgan la segunda y tercera entregas🙂

    P.D.: Odio esas concordancias de número que no pegan una mierda.

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  6. Hola Rafa, gracias por tu comentario; me alegro de que te guste! Dentro de unos días espero tener el resto de entradas sobre el tema. Ahí se ve bien que, efectivamente, el amor en los humanos es cualitativamente distinto del de otros mamíferos ya que intervienen áreas del cerebro evolutivamente más desarrolladas, lo que nos permite aumentar el grado de complejidad en nuestras interacciones.

    Como bien dices, el amor es un tema peliagudo para tratar desde la perspectiva biológica, por todo el bagaje literario y popular que lleva. Casi todas las personas con las que he discutido sobre este tema rechazan una definición del amor tan mecanicista, si quieres llamarlo así; que es una explicación demasiado simple para algo tan abstracto. Sin embargo, yo siempre digo lo increíble que me parece el amor entendido como interacción e intercambio de información entre distintas moléculas, y cómo una conjunción en un momento determinado de todas ellas que hacen posible algo así, me parece de todo menos simple =)

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  7. Qué interesante. Muchas gracias.
    Siempre es confuso diferenciar entre el amor como concepto abstracto o contenedor que vamos llenando de contenido desde que los romántico empezaron a cebarlo de literatura y expectativas, y el amor químico, que es la respuesta ingeniosa de los genes por mejorar.

    Por eso me ha parecido interesante leer la separación entre el deseo sexual/ reproductivo y el amor más intelectual.

    Me pregunto realmente hasta que punto es así y el amor romántico no es una capa intelectual, un contenido, una justificación inconsciente de la selección que han hecho nuestros genes de la pareja.

    Me da a mí la impresión de que esta primera etapa abundantemente regada de endorfinas que dura apenas unos meses, puede más la selección irracional que la emocional. Es decir, raramemte te enamoras perdidamente (y resalto lo de perdidamente) de alguien por sus valores o sus cánones socioculturales. Puedes sentirte atraído, te puede parecer interesante, pero “peder la cabeza” parece menos una decisión intelectual y más una decisión reproductiva aunque menos directa que la del impulso sexual, pero un mecanismo de los genes en todo caso para mantenerte conectado a tu pareja.

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  8. Pingback: Psicobiología del amor

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