Efecto Placebo

Hola. Vengo a flotar.

En realidad no. Sólo vengo con otra historia de esas que interesan a unos cuantos. En el capítulo de hoy: el Efecto Placebo.

Antes de meternos en el tema, tengo que deir que me da la impresión de que la mayoría de eprsonas se refieren al placebo con cierto matiz, digamos despectivo; como si fuera algo que no merece ser tomado muy en serio. Se me ocurre compararlo a una situación bastante familiar, en la que la gente considera que leer cómics es parecido a no leer nada.

– ¿A ti te gusta leer?

– Sí, sobre todo cómics.

– ¡Ah, bueno! No, me refería a leer “cosas serias”.

Pero eso es otra historia.

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Parece que cuando algo funciona por placebo, vale menos. Y he de reconocer que yo era de esos, antes de que la neurobiología entrara en mi vida  = b. Como otros temas que he tratado antes, el placebo es algo que suele estar en la boca de todo el mundo, pero poca gente conoce realmente la forma en que funciona. O, por decirlo de otra forma, qué cambios provoca en el cerebro para que su efecto sea eficaz. Y ya es hora de cambiar eso (por lo menos, a los que leéis esto ^^).

A la hora de entrar a describir el efecto placebo, es importante saber un par de cosas acerca de la terapéutica.

Todos los estudios que se realizan sobre los distintos trastornos describen un fenómeno llamado historia natural, que hace referencia al porcentaje de casos que remiten de forma espontánea. En este sentido, se dice que una terapia es efectiva cuando es capaz de resolver un número significativamente mayor de trastornos que los explicados por la historia natural. Pero esto no es tan simple, ya que aquí es donde asoma por primera vez el placebo.

Los estudios de placebo requieren un diseño de doble ciego con, al menos, tres grupos experimentales: los que reciben el tratamiento supuestamente efectivo, los que reciben placebo y el grupo de remisión espontánea, o historia natural. Supongamos que, en nuestro estudio, el 70% de los 100 pacientes del grupo Tratamiento, se recupera; como hace el 55% del grupo Placebo y el 30% del grupo de Remisión espontánea. Para determinar la eficacia del tratamiento de forma adecuada, la diferencia que hay que observar no es la que existe entre el grupo Tratamiento y Remisión espontánea (que es lo que, equivocadamente, suele ocurrir), sino en la diferencia entre el primero y el grupo Placebo. Esto es importante, ya que es muy distinto afirmar que un tratamiento es eficaz en un 40% de los pacientes (TratamientoRemisión espontánea), a que lo tiene en un 15% (TratamientoPlacebo).

Pero más allá de los errores a los que nos puede llevar no tener esto en consideración, es muy interesante (y relevante) tener en cuenta que esta situación está diciendo que un 25% de los pacientes superan el trastorno por le mero hecho de enfrentarse a una situación terapéutica, la cual, por sí misma, no tiene efecto alguno. Esto quiere decir que mientras que el grupo de tratamiento ha recibido el fármaco X, el grupo placebo podría haber recibido como “tratamiento” bolas de sacarina, haber dado tres saltos a la pata coja antes de acostarse o tirar un garbanzo por encima del hombro, que el mero hecho de hallarse en una situación así, provocará cambios que desemboquen en una mejoría.

En un estudio sobre analgesia con morfina, los pacientes de varios grupos tenían que aguantar el máximo tiempo posible realizando una tarea dolorosa. El experimento duró cinco días, con un pre-tratamiento los días 2 y 3, y un tratamiento el día 4 (test), y un registro del tiempo en la tarea. Los días 1 y 5 fueron de línea base y re-test. Se diferenciaron, además, dos condiciones: expectativa y no expectativa.

Las administraciones del grupo 1/expectativa fueron Nada-Morfina-Morfina-Salino (diciéndoles que era morfina)-Nada; los días 1 a 5, respectivamente. El grupo 1/no expectativa fue idéntico, pero no se les indicó que el Salino fuera analgésico. Por otra parte, el grupo 2 recibió el mismo tratamiento, con la diferencia de que en lugar de Salino se les administró Naloxona (un antagonista de la morfina). En la condición expectativa, los participantes creían que seguían tomando morfina; en el de no expectativa sí conocían los efectos de la Naloxona.

En el grupo 2, dado que la Naloxona actúa sí o sí, no tuvo relevancia que los sujetos supieran o no las propiedades del producto. Sin embargo, lo interesante se vio en el grupo 1, donde los que tomando Salino esperaban un efecto analgésico, aguantaron mucho más que aquellos que no lo esperaban.

Grupo 1: expect/no expect.               Grupo 2: expect./no expect.

De esta forma, se demuestra que el efecto placebo actúa a dos niveles. Un nivel consciente, cuyo principal componente es la expectativa generada, y otro implícito, de condicionamiento, el cuál puede provocar un efecto por sí mismo o facilitar la aparición de una expectativa.

Se sabe que la analgesia está principalmente provocada por la liberación de betaendorfinas. Estudios de neuroimagen y analgesia demostraron que bajo condición de placebo, estas sustancias se liberan en los mismos lugares que en las situaciones en que se administra un analgésico “real”. En otro estudio de neuroimagen que comparaba la respuesta a antidepresivos y placebo, se observó que el placebo es capaz de activar varios de los mismos grupos neuronales que se activan cuando se administran antidepresivos.

Un dato interesante relacionado con esto es que en todos los estudios en los que se ha demostrado su efecto, este se ha producido en los mismos sistemas sobre los que la terapia incidía. Si el estudio comparaba analgesia y placebo, la respuesta al placebo se producía a nivel opioide; si se comparaba la respuesta a antidepresivos y placebo, lo que se veía modificado es el conjunto de estructuras implicadas en las alteraciones del ánimo, etc.

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Conclusión: podemos decir que el placebo es un fenómeno biológico inducido por el contexto (psicosocial, terapéutico, etc.), que implica la reducción de los síntomas de un trastorno mediante la utilización de una sustancia, producto, costumbre y/o rito inerte de por sí.

Sin embargo, hay que tener en cuenta siempre que, como pasa con los fármacos y otras sustancias, no todas las personas son igualmente susceptibles a este efecto. Aun así, esto no es motivo para que la terapéutica, bien psicológica, bien médica, se aproveche del poderoso efecto que este fenómeno tiene, respetando y conociendo sus límites, claro está.

En este sentido, yo creo que lo “malo” del placebo no es lo inerte de aquello que se utiliza, sino el que se utilice con fines que claramente no son los adecuados. Y más, a sabiendas. Me refiero con esto sobre todo a la gente que vende botellas de agua a 30 euros asegurando que la memoria del agua hará que se cure una infección. Si la infección se cura, será por el placebo, pero no hay derecho a que se deje creer a la gente la cantidad de desinformación y poco sentido común que hay detrás de la mayoría de estos productos (a propósito, ahora que está tan de moda y viene en cierto modo al pelo, recomiendo este gran artículo sobre el Power Balance). Que una persona quiera adelgazar, acuda, por ejemplo, a acupuntura para lograrlo y adelgace, no lo hará por la acupuntura (que sirve, pero para lo que sirve, no para todo), sino porque el mero hecho de iniciar una conducta para realizar un cambio ya genera cambio por sí mismo. Eso es el placebo.

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6 pensamientos en “Efecto Placebo

  1. Pingback: El cerebro femenino durante el orgasmo « Como decíamos ayer…

  2. Tío, hablando del tema… léete algo sobre la INVESTIGACIÓN en la homeopatía… es tronchante. En uno de ellos elogiaban uno de sus estudios “Jacobs, 1994” xDDD, que trataba sobre un tratamiento para ASMÁTICOS en que la herramienta de medida es la escala visual analógica, ¡¡¡ojo!!! El asma se estudia de puta madre así!!!! xDDDDDD y que hubieron mejoras “estadísticamente significativas, (p<0,03)" xDDDDDDDDDD!

    C.E.D.H.

    Una fuente de humor, jaja!

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  3. Me alegro de que te haya gustado, Antonio =).

    Tienes razón con lo de la ignorancia, pero bueno. El poder de la sugestión no se pone en duda, y si se puede aprovechar para potenciar las terapias científicamente validadas, mejor que mejor. Cosa distinta es quién intenta sacar provecho a costa de otros, claro. Aunque de eso, me temo que no nos libraremos.

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  4. Muy interesante y bien explicado. Falta, como siempre espacio para explicar con detalle el experimento: cuántas personas por grupo, qué diferencias concretas… Pero el concepto se entiende muy bien.
    Y claro, aprovecharse de la ignorancia es común hoy. Aunque muchos queremos creer en la solución aún sospechando que es un engaño.
    Estupendo post.

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