El cerebro adicto

Una de las cosas de las que más te percatas cuanto más aprendes sobre drogas, es lo mucho que se utilizan los términos relacionados a ellas sin ningún tipo de piedad. Una cosa normal entre gente que no sabe del tema. A mí me pasa cuando hablo de informática, fútbol o la Ley Sinde (Un saludo a los capullos esos, por cierto).

Por eso, y ya que es en lo que básicamente trabajo, vengo a hablaros de la adicción. ¿Qué pasa en el cerebro cuando se vuelve adicto? Presentamos un importante concepto: la sensibilización.

Obviamente, a consumir una droga se aprende. Pero todos consumimos (o hemos consumido) drogas alguna vez y la mayoría no somos adictos. La adicción, como cualquier otro aprendizaje, requiere que las personas aprendamos determinado patrón de conducta para obtener el resultado que buscamos. Cada una de las funciones necesarias para ello, implica la intervención coordinada de amplios grupos neuronales distribuidos cortical y subcorticalmente, formando el llamado sistema córtico-estriatal-pálido-talámico-límbico. Además, para que la selección se lleve a cabo de forma apropiada, debe haber niveles suficientes de activación que permitan mantener el esfuerzo iniciado; algún señalamiento del acierto y el error para poder adaptar la conducta a los cambios del entorno; y un sistema de inhibición de la impulsividad o la tendencia a responder a estímulos inadecuados. Las interacciones de los sistemas de neuromodulación dopaminérgico, serotoninérgico, noradrenérgico, colinérgico y opioide con el sistema córtico-estriatal-pálido-límbico son las responsables de que estas funciones se desarrollen adecuadamente.

En el análisis de los componentes de la neurobiología de la adicción, es importante destacar que se trata de una alteración en los mecanismos de la motivación normal que favorece la progresión de un consumo controlado a un consumo basado en el hábito compulsivo, sobre el que no se tiene control voluntario. Siendo así, parece innegable la importancia de las vías dopaminérgicas (y glutamatérgicas) mesolímbica, mesocortical y nigroestriatal, el rol de los procesos de neuroplasticidad (potenciación y depresión a largo plazo), y, en un estadio más avanzado, la disregulación cortical de los receptores dopaminérgicos. Ya hablamos de la dopamina en una entrada anterior. Vayamos al grano.

Técnicamente, se dice que un cerebro se vuelve adicto en el momento en que empieza a observarse sensibilización de la vía mesolímbica dopaminérgica. La sensibilización es un fenómeno por el cual la exposición repetida a una sustancia, hace que la aparición de la respuesta asociada requiera una cantidad cada vez menor. Es, por ponerlo de alguna forma, el proceso contrario a la tolerancia. Sin embargo, la sensibilización se refiere al componente motivacional (de refuerzo; wanting) de la adicción, mientras que la tolerancia se refiere al componente emocional (hedónico; liking). En la adicción, la sensibilización modifica los patrones de consumo de la droga, provocando un incremento de la relevancia de todos los estímulos que disparan su búsqueda y consumo compulsivo. Al mismo tiempo, la sensibilización fortalece las asociaciones entre los estímulos asociados a la droga y las respuestas que estos provocan, lo que a la larga causa que estos estímulos obtengan un valor de incentivo muchísimo más alto que cualquier otro reforzador natural, como la comida, o el sexo, marcando más ese hábito compulsivo cada vez que alguno aparece. Se trataría, pues, de una motivación tóxica; de una falta de autocontrol en la selección de la respuesta más adecuada y adaptativa.

Se ha visto que para que esta sensibilización sea inducida, además de la dopamina (DA) es necesaria la liberación de Glutamato (Glut) en el Área Tegmental Ventral (ATV) y el estriado ventral (núcleo Accumbens, nAcc; concretamente, el shell). La función principal del neurotransmisor Glut en el proceso es la de fortalecer la respuesta sináptica de la neurona. Por este motivo, si una neurona que libera DA, libera Glut al mismo tiempo, se refuerza esa sinapsis.

Este refuerzo de la sinapsis puede desembocar en una potenciación a largo plazo (PLP), un proceso indicador de neuroplasticidad, y ante el cual el uso repetido de drogas también provoca sensibilización. Las PLP que se producen en el ATV provocan la sensibilización de la liberación de DA y aumentan la excitabilidad de las neuronas de Glut que conectan con el estriado ventral. Los cambios en el estriado incluyen un decremento en los transportadores de DA y de los receptores tipo D2 de DA (que principalmente responden a cambios en el ambiente, a los estímulos contextuales). Esta sensibilización del estriado se produce al mismo tiempo que la corteza prefrontal comienza a mostrar una reducción en el tono basal de las neuronas dopaminérgicas (enseguida veremos por qué esto es importante).

Proceso de Potenciación a Largo Plazo (PLP)

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A este nivel, la DA actúa en dos fases distintas. En un primer momento, todos los estímulos tienen la misma probabilidad de activar el organismo, ya que son estímulos novedosos. En un segundo momento, en cambio, solamente los estímulos suficientemente intensos y relevantes serán capaces de activar el sistema dopaminérgico y la consiguiente liberación de Glut. El primer momento está regulado por los receptores D2 (muy afines a la DA), por lo que poca cantidad es suficiente para activarlos. Por contra, el segundo momento es dependiente de los receptores D1 (mucho menos afines), lo que exige una mayor liberación de DA. Lo que el uso repetido de las drogas provoca es la facilitación del paso del primer al segundo momento [concretamente, mediante la activación del Activador de la proteína G3 (AGS3), que desactiva la subunidad A de la proteína Gi y reduce la cascada de señalización de la vía D2-Glut]. De este modo, sólo los estímulos asociados a la droga resultarán ser lo bastante intensos como para activar el sistema dopaminérgico prefrontal y permitir que el Glut alcance el nAcc. Y así tenemos la pescadilla que se muerde la cola, ya que sólo son relevantes los estímulos capaces de activar la DA, pero sólo los estímulos asociados a la droga son capaces de activarla lo suficiente, por lo que son los únicos que resultan relevantes, etc., etc.

Esto es importante ya que el control de la conducta voluntaria se realiza desde la corteza. Si la conexión entre el córtex y el estriado es defectuosa, el primero no podrá inhibir y controlar las señales del segundo. Para entendernos, es como los coches defectuosos que han aparecido hace poco: si la conexión está mal, por mucho que intentes frenar, el coche no frena y sigue tirando. Esto es igual. Si has adquirido un hábito, o una compulsión, es la corteza prefrontal la que te permite parar (cuando nos mordemos las uñas, nos damos cuenta y paramos, es control inhibitorio de la corteza). En la adicción, esto está muy deteriorado, por lo que la señal de “no consumas” no llega a producirse, y se ejecuta de forma automática y sin control. Esto se ve traducido en las conductas de perseverancia, impulsividad, errores en la toma de decisiones más adaptativas, focalización de las metas asociadas exclusivamente a la consecución de la droga, etc., que manifiestan los adictos.

Hablando de hábitos, un hábito puede definirse como una conducta que se inicia por claves contextuales y se ejecuta de manera automática. En principio, es una buena estrategia que permite al organismo ahorrar energía en aquellas conductas que se repiten sucesivamente y de forma muy similar. Para que ocurra este cambio de control en el aprendizaje de un hábito, es necesario que se produzca una PLP en el shell al mismo tiempo que una DLP en el core. Sin embargo, el uso repetido de la droga invierte este proceso, provocando una PLP en el core y una DLP en el shell. Si el consumo continúa, se sensibiliza la conexión entre las neuronas DA/Glut y el estriado dorsal, y el corevuelve a sufrir una DLP. Esta progresión desde la parte ventral a la parte dorsal del estriado inhibe la respuesta cortical sobre el inicio de la conducta, quedando esta automatizada.

Corte coronal de los Ganglios Basales

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Con otras palabras, se puede decir que, al final, las drogas producen una superselección de asociaciones entre estímulos (tanto internos como externos) y patrones de respuesta, asociadas a una pérdida de control prefrontal sobre estas. No obstante, aunque todo esto (y más) sea lo que ocurre en el cerebro hasta desarrollar la adicción, y una vez desarrollada, hay que decir que ni por asomo, ocurre, ni ocurre igual, en todas las personas. ¿Somos todos susceptibles de desarrollar un trastorno adictivo? ¿Se debe más a la genética o al aprendizaje? ¿Es la escalada de consumo un mito? Bueno, por partes, que con esto por hoy creo que ya está bien  =b.

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9 pensamientos en “El cerebro adicto

  1. Pingback: Nuevo jugador al campo del consumo compulsivo de alcohol: GIRK3 | Como decíamos ayer…

  2. Pingback: Refuerzo, recompensa y adicción a la comida | Como decíamos ayer…

  3. Hola amigos y colegas el tema de las adicciones es muy interesante, tienen referencia o trabajo experimental y /o scanner de la ruta neurológica del aprendizaje y desaprendizaje de la adicción a la nicotina. Seguimos en comunicación.

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  4. Pingback: Mapeando el cerebro « Como decíamos ayer…

  5. No sé si lo has hecho a posta, pero Lau y yo estamos haciendo un trabajo sobre adicción, así que me has venido de perlas. 😛

    Me ha gustado mucho la entrada, pero tu hermano tiene razón, esto tiene bastante complejidad para el público general. Lo cual no quiere decir que esté mal, sino que está escrito para lectores especializados.

    Por cierto, eso del café… Yo creo que hay por ahí mucho adicto suelto que no sabe que lo es!

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  6. Jarl, me he vuelto a perder entre tanto tecnicismo. A este paso vas a hacerte un blog de referencia entre estudiantes de psicología, enhorabuena 🙂

    No sé si lo has explicado entre tanta sinapsis, cortex, Gluts y nAccs… pero se me ha ocurrido una cosa:

    Siempre he entendido de ti que el café es una droga. La mayoría de personas tenemos un hábito muy marcado de consumo de café: uno por la mañana, otro después de comer casi sin excepción. ¿Por qué no sufrimos una adicción tan significativa? Entiendo que la cafeína no es precisamente heroína, pero aún con efectos menores, ¿el proceso no debería ser igual? Quiero decir, a pesar del hábito tan marcado que tengo de consumir café, no me creo que sea adicto 😛

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    • Sí, lo sé… Quizá me esté pasando un poco ^^.

      Jack, hay una cosa que no he comentado pero es importante al hablar de las drogas: el potencial adictivo. Se dice que una droga es de alto potencial adictivo cuando su efecto es muy intenso y se alcanza muy rápido. El café (cafeína) aunque sea una droga, tiene un potencial adictivo muy bajo, principalmente porque por la vía que se consume es la oral, la que más tarda en hacer efecto y por la que más sustrato se pierde en el camino.
      Es cierto que se adquiere el hábito de tomar café en determinados momentos, pero la cantidad de cafeína que se consume no es ni de lejos la suficiente para volver a alguien adicto. Otra cosa es que se tenga dependencia, pero eso casi da para otro post 🙂

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