Increíble

El otro día, pensaba yo en esta palabra: increíble. La utilizo bastante, me he dado cuenta; qué le voy a hacer, sigo sorprendiéndome por muchas cosas. Aunque si nada me sorprendiera, supongo que tendría poco sentido intentar estudiar la conducta. Pero eso es otro tema.

El caso es que, reflexionando sobre esta palabra, he llegado a la conclusión de que poca gente se da verdadera cuenta de lo que implica, cuando la utiliza como expresión. Y me incluyo.

Pensándolo bien, increíble obtiene su significado de dos fuentes: bien algo es increíble por no ser uno intelectualmente apto para comprender el contenido de la premisa, bien la premisa contiene información fundamentalmente incoherente con el conocimiento que uno tiene del mundo. O, como se suele decir, is full of shit.

Maticemos esto.

Aquí no hablo de creencias. Con intelectualmente apto me refiero a ser capaz de aceptar, integrar y admitir como verdadera alguna información que antes no estaba disponible. En el primer ejemplo, se parte del supuesto que casi la totalidad de las personas con las que uno intercambia información día a día, son capaces de comprender el idioma y el significado de lo que se transmite. En el segundo ejemplo, se parte del supuesto que casi la totalidad de las personas con las que uno intercambia información día a día, comparte un esquema similar de cómo funciona el mundo. Lo que podríamos llamar “sentido común”.

Y aquí es donde empieza el meollo de mi “reflexión”. Para creer algo, considero que necesariamente se ha de cumplir las tres condiciones que comentaba antes: aceptación, integración y admitir como cierto. Creer lo que alguien dice no es sólo aceptar lo que dice, lo cual sería algo parecido a “acepto lo que dices, pero no le doy valor de verdad“; como “vale, bien; me callo por no discutir“. O admitir como verdad, pero no aceptar (casos de negación, por ejemplo, en un duelo). Y así, todas las combinaciones posibles.

Entonces, en una interacción entre dos o más personas, calificar algo como increíble implica asumir que lo que se dice “no puede ser creído porque contiene una información que es intelectualmente incomprensible” (como explicarle matemáticas a un perro), o “me estás contando una milonga (y tú y yo lo sabemos porque eso no es posible)”. Sea cual sea el caso, la cuestión es que expresar que algo es increíble, desautoriza a la persona que emite la información.

Aunque luego llega la Real Academia Española (que limpia, fija y da esplendor) y define increíble como

1. adj. Que no puede creerse.

2. adj. Muy difícil de creer.

Y me jode.

_

Y esto, queridos amigos, es una muestra de las cosas que se me ocurren cuando bajo a casa después del trabajo.

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5 pensamientos en “Increíble

  1. ¿Y cuánto decías que dura ese viaje? xD
    Coñas a parte, creo que todos usamos muy a la ligera demasiado vocabulario, y éste es un ejemplo, pero si buscamos hay “puñaos”; y lo peor de todo, es que si intentaramos usarlos correctamente la gente nos miraría raro…

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  2. Parece ser que el lenguaje se pasa por el forro tus reflexiones, jeje. Si lo pienso un poco, la aceptación de “increíble” en su segunda acepción me parece de lo más natural; hay veces que flipas tanto que dudas si la información que recibes es real, lo cual ya la convierte en difícil de creer, ¿no? En plan… ¡sí! ¡no! ¿¡sí!? – Tampoco es que tenga que joderte, hombre =)

    La culpa de todo esto la tiene el prefijo in–, o mejor dicho, la falta de un prefijo que permita distinguir entre algo imposible y extremadamente difícil. ¡Piensa en uno!

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