Neurología y jazz

Gracias a Mind Hacks encuentro el abstract de un artículo en el que se revisa el curioso fenómeno del salto de calidad de algunos de los mejores jazzistas de la historia tras severas lesiones neurológicas.

Lo gracioso del tema, es que el autor del post se hace eco de la posibilidad de leer el abstract con el ritmo de uno de los poemas insignia de la Beat Generation: Howl, de Allan Ginsberg. O, en su defecto, con el Jazz thing, de Gang Starr.
Aquí el abstract:

A variety of neurological problems have affected the lives of giants in the jazz genre.

Cole Porter courageously remained prolific after severe leg injuries secondary to an equestrian accident, until he succumbed to osteomyelitis, amputations, depression, and phantom limb pain.

George Gershwin resisted explanations for uncinate seizures and personality change and herniated from a right temporal lobe brain tumor, which was a benign cystic glioma.

Thelonious Monk had erratic moods, reflected in his pianism, and was ultimately mute and withdrawn, succumbing to cerebrovascular events.

Charlie Parker dealt with mood lability and drug dependence, the latter emanating from analgesics following an accident, and ultimately lived as hard as he played his famous bebop saxophone lines and arpeggios.

Charles Mingus hummed his last compositions into a tape recorder as he died with motor neuron disease.

Bud Powell had severe posttraumatic headaches after being struck by a police stick defending Thelonious Monk during a Harlem club raid.

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5 pensamientos en “Neurología y jazz

  1. Pues que yo sepa no. Lo que sí se ha hecho, y ha sido bastante replicado, son estudios sobre la relación entre la creatividad, por decirlo así, y otros trastornos como la esquizofrenia.

    Si te refieres a que las drogas fomentan la creatividad, eso es un mito no demostrado ;).

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  2. Cucha, ¿y no hay ningún estudio parecido, pero con la literatura? Ya sabes, Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft, Swift, Caroll.. en fin, esa pandilla de colgaos que sólo creaban si si su cerebro estaba en la otra orilla… 😉

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  3. Qué fort!

    En uno de los relatos de Oliver Sacks, no se si te acordarás, está la historia de Ray, el tiqueteur ingenioso… un hombre con síndrome de Tourette, que después de lograr seguir una terapia efectiva con haloperidol decide dejarlo los fines de semana. Toca en un grupo de jazz como batería, y aprovechaba los tics y como fuente de creatividad, improvisación, etc… y bajo los efectos del haloperidol no podía tocar pero sin mucha gracia. Muy curioso!

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