A (des)tiempo

Esta mañana he leído un articulo sobre la conveniencia de pegar un bofetón/torta/cachete a tiempo como medida pedagógica. Ya sé que no son lo mismo, lo pongo así porque así es como lo utilizaban en el artículo; casi como sinónimos. Primer fallo, en mi opinión.

Y es que una de las cosas que resultan curiosas de estudiar Psicología (al menos, a mí), es llegar a darse cuenta de lo mucho que sabe la gente de psicología. Pero ese es un tema que dejo para otro día. La cuestión: eterno debate sobre el derecho de los padres para educar a sus hijos como buena o malamente les parezca; el derecho de los hijos a no ser agredidos; la importancia de la autoridad, los límites, el afecto, la ley, la ONU y el Sursum corda.

Se dice que, un bofetón/torta/cachete se justifica “si el momento y la intensidad son adecuados”. Volvemos al debate de qué momento es adecuado y cómo se calcula una intensidad aceptable. Lo que al parecer nadie pone en duda es que este tipo de reprimenda es la última alternativa para corregir a los chavales. Al menos, para los padres/madres que no tienen la mano suelta. Me ha resultado especialmente llamativa la diferenciación que hace el artículo, con tanto alarde de poder de experto, entre el castigo y este bofetón/torta/cachete. Me explico.

Desde la perspectiva de la Psicología, el castigo es un método (no el único) que persigue disminuir o eliminar una conducta determinada. Sin embargo, existe una distinción entre lo que polémicamente se denomina castigo positivo y castigo negativo. El castigo positivo consiste en impedir el acceso a algún estimulo o situación que sea agradable para la persona; no te acabas la cena, te quedas sin postre. El castigo negativo, por otro lado, impone una situación desagradable para evitar que una conducta se repita. Si interrumpes la clase, te quedas en el recreo a copiar en la pizarra “No interrumpiré la clase” 100 veces.

Tres factores determinantes para que el castigo sea efectivo son la temporalidad, la intensidad y la consistencia. Un castigo impuesto demasiado tarde, o de forma no suficientemente contundente, o unas veces sí y otras no para la misma conducta, no tendrá efecto a largo plazo. En este sentido, aquí es donde la cosa se pone interesante.

No entraré a opinar sobre la intensidad; demasiado resbaladizo. Pero sí diré algo sobre la temporalidad y la consistencia. Los padres que dicen estar en contra del castigo físico como método habitual, pero no rechazan dar un cachete de vez en cuando, aseguran que lo utilizan “como última alternativa”. Pedagógicamente, esto no tiene sentido. Es decir, no creo que sea correcto intentar que el chaval deje de hacer X por todos los medios posibles y, si no funcionan, darle un bofetón/torta/cachete “para que así se entere al final”. Eso ni es consistente ni se ajusta al timing. Si un padre/madre está a favor del bofetón/torta/cachete, lo mejor que puede hacer es darlo a la primera. Sin embargo, tiene mucho sentido desde el punto de vista psicológico.

La gente normal quiere a sus hijos. Mejor dicho: normalmente, la gente quiere a sus hijos. Querer conlleva (otra vez, normalmente) el deseo y la implicación en el no sufrimiento de la otra persona. Cuando te pegan, duele. A nadie en su sano juicio le gusta pegar a sus hijos, ya que no es natural desear verlos pasarlo mal. Pero los hijos pueden ser unos tocahuevos de aquí a Lima, y los padres no son generalmente maestros de las habilidades sociales (no lo somos con los adultos, menos aún con los niños). Además, los niños no tienen las habilidades de comunicación lo suficientemente refinadas para expresar sus deseos, la mayor parte de las veces, y chillan, lloran, gritan, pegan… Además, una de las formas en que construyen su mundo y aprenden las reglas sociales del mismo es tirando de la cuerda, a ver hasta donde llega. Es normal que los padres se desesperen muchas veces y no sepan cómo actuar.

La violencia es la forma más primitiva de imponer la autoridad. Cuando un padre/madre se ve superado por una situación tanto a nivel emocional como de recursos, la respuesta más rápida, efectiva y liberadora que acude a la cabeza es el bofetón/torta/cachete. Luego es cuando viene toda la justificación: “te la has ganado”, “es que la andaba buscando”, “me ha sacado de mis casillas”, etc.

La verdad es que los padres/madres que están a favor de esta forma de castigo, la utilizan. Pero muchos de los padres/madres que dicen estar de acuerdo con el bofetón/torta/cachete únicamente como medida última, nunca han tenido que utilizarlo. Y si lo han utilizado alguna vez, será por haberse visto superados. Es más fácil decirse a uno mismo que estás de acuerdo con un bofetón/torta/cachete ocasional y no darlo nunca que asumir que no has podido manejar a tu hijo, o que has hecho algo en contra de lo que crees correcto.

El caso es que me hace gracia eso del bofetón/torta/cachete a tiempo. Para que sea a tiempo, debe ser inmediato, y no como último recurso, como dicen utilizarlo la mayoría. Me encantan las paradojas de las disonancias cognitivas.

PD: Por si a alguien le puede entrar la duda, y se lo pregunta, estoy totalmente en contra del castigo físico como método educativo. Y me revienta la frase “con una hostia a tiempo (lo que sea)”.

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6 pensamientos en “A (des)tiempo

  1. El hecho de utilizar la torta/bofetón/cachete sólo algunas veces, y más tarde que pronto como dices en el artículo, me parece un ejemplo más de cómo enviar a los niños mensajes contradictorios acerca de lo que pueden y no pueden hacer. Si los padres consideran el castigo físico como último recurso, vamos a suponer que lo consideran más severo que cualquier otro. Si el niño recibe, por la misma conducta, el castigo más severo unas veces y el menos severo en otras, o incluso no se le castiga (circunstancia que creo que es bastante habitual), no va a saber qué le está permitido hacer y qué no.
    En psicología estamos hartos de oír que el castigo, para ser efectivo, tiene que ser contingente y consistente, si no, no sirve más que para generar hostilidad y conflictos. (Ojo que con esto no estoy diciendo que el castigo físico me parezca bien)

    Que divertido es hablar de esto sin tener niños ¿verdad? xD

    Un saludo!

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  2. Es que dudo mucho que los tutores legales se permitan el lujo de imaginar siquiera poder toser a sus tutelados.

    Consigliere, hum… Me gusta cómo suena 😄

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  3. La verdad es que al leer el artículo, me ha sorprendido que hoy en día todavía haya gente que justifique esas conductas. Pensaba que sólo daban leches a sus hijos la gente que o bien no entendía sus actos, o bien era lo único que sabían hacer.

    Qué bien criaos van a estar mis hijos con el consigliere ernie XDDD

    Por cierto, si pones padres/madres, te dejas fuera a los tutores legales XDD

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