La gallina y el huevo

Un debate clásico de la psicología del razonamiento, lenguaje, etc., se refiere a si los conceptos se forman porque tenemos lenguaje, o el lenguaje se construye porque tenemos conceptos. Desde la antigüedad los pensadores se han preguntado de que forma las palabras que usamos para describir el mundo afectan la manera en que lo percibimos.

Estudios recientes realizados en la Universidad de Hong Kong sugieren que el lenguaje propio de cada cultura y la forma de hablarlo afectan la percepción que las personas tenemos del mundo que nos rodea. Por ejemplo, los Pirahãs, una pequeña comunidad de cazadores-recolectores de la selva amazónica. Su lenguaje numérico no sobrepasa el numero dos (es decir, no tienen concepto para representar una cantidad mayor al par), razón por la cual su razonamiento matemático se ve limitado.

El primer científico en proponer que la lengua que hablamos afecta la forma en que pensamos y percibimos, fue Benjamin Lee Whorf, en el libro titulado “Lenguaje, pensamiento y realidad” publicado en 1956. Si bien su libro era sólo hipótesis, sin evidencia empírica, desde ese momento muchas investigaciones se llevaron a cabo para dar sustento a la idea de Whorf.

En una serie de experimentos controlados, el equipo de investigadores del departamento de neurociencias de la UHH, estudiaron cómo afecta el lenguaje la percepción de los colores. Para ello usaron técnicas de imaginería cerebral (PET, fMRI…). Estas técnicas permiten ver en una pantalla que zonas del cerebro se activan cuando el sujeto realiza distintas tareas.

En el experimento, mientras el scanner registraba los centros de activación cerebral, se les preguntaba a los sujetos si dos cuadrados eran del mismo color o no. Algunos cuadrados eran de colores sencillos de pronunciar (azul o rojo), mientras otros tenían colores de nombres más complicados verbalmente (como violeta, amarillo, beige…). Las imágenes de la activación cerebral mostraron que áreas se activaban al percibir estos colores. Además de la activación normal de la corteza visual, los colores de nombre sencillo también producían la activación de dos áreas adicionales del cerebro ligadas a la búsqueda de palabras.

Estos resultados aportan soporte empírico a la hipótesis de Whorf, mostrando la relación entre la percepción visual y los centros neurales del lenguaje.

Comunicación original, aquí.

Sin embargo, la idea de Sapir y Whorf es bastante cuestionada.

La idea original sugería que las diferencias en la forma de crear conceptos de los indios americanos y los centroeuropeos estaba determinada por el lenguaje (estudio original); hablaban distinto, pensaban distinto. Sin embargo, para apoyar su hipótesis, necesitaría haber encontrado evidencia independiente de una manera distinta de pensar y luego plantear cómo se explicaría en términos de las propiedades del lenguaje de las personas que piensan de esa forma, sino se entra en una circularidad que es imposible probar.

Por otra parte, el segundo estudio que apoyaba su idea tenía que ver con el lenguaje de los esquimales. Según Whorf, los esquimales tienen diferentes tipos de palabras para diferenciar entre los diferentes tipos de nieve; este hecho, les lleva a pensar sobre la nieve de manera distinta a los europeos. Sin embargo, si los esquimales y otros hablantes como los ingleses, piensan sobre la nieve de diferente forma, no es porque hablen lenguas distintas sino porque pertenecen a culturas diferentes con diferentes tipos de intereses y motivaciones. De manera que, cuando Whorf desarrolló sus argumentos sobre lenguaje y pensamiento, no reflexionó en torno a que las diferencias culturales, siempre acompañan a las diferencias lingüísticas. Es más probable que sea esto lo que influye en la forma de pensar.

Las críticas hechas en realidad, no quieren decir que su hipótesis no sea probable. Lo que se planteó, es que no aportó los datos adecuados que permitiesen apoyar su hipótesis.

A posteriori, se plantearon diferentes líneas de investigación para intentar analizar las relaciones entre pensamiento y lenguaje usando diferentes clases sociales, diferentes grupos étnicos…

Posteriores investigaciones han comaprado el lenguaje de sujetos pertenecientes a la clase social alta y sujetos pertenecientes a la clase social baja. Se observó que los sujetos de clase social baja tenían menor cantidad de vocabulario, frases más cortas, muchas muletillas… y esto tenía consecuencias a nivel cognitivo; los sujetos de clase social alta tenían un lenguaje más amplio, un vocabulario más amplio… por tanto, efectivamente el lenguaje de la clase social baja iba asociada a un nivel cognitivo (desarrollo) inferior. Bernstein (autor de este trabajo) sí ratificó con ejemplos la importancia del lenguaje sobre el pensamiento, contrariamente a lo que había ido defendiendo la pareja Sapir-Whorf.

¿Lenguaje depende de pensamiento o pensamiento depende de lenguaje?

3 pensamientos en “La gallina y el huevo

  1. Lo cierto es que a muchos científicos les cuesta aceptar nuevas propuestas si contradicen lo que ellos creían… Pero si las nuevas teorías demuestran ser ciertas, no les va a quedar más remedio que callarse. Aunque ha habido muchos casos de científicos ignorados en su momento cuyas ideas se han hecho famosas más tarde. Por ejemplo, Vygotsky (sí, tengo fijación por Vygotsky) escribió sus obras en los años 20 y sus ideas no fueron influyentes en occidente hasta 60 años después… Yo les diría Sapir y Whorf que no se desanimen…😄

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  2. Sí, precisamente Vygotsky, Chomsky, Piaget, Rosch… son más del lado contrario a Sapir y Whorf.La verdad es que da un poco de lástima cuando alguien se atreve a lanzar una teoría y le dan tantos palos^^’.

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  3. Creo que para entender cómo se relacionan pensamiento y lenguaje es necesario entender cómo se desarrollan y se vinculan durante este desarrollo.En este sentido, es muy interesante la teoría de Vygostky acerca del desarrollo del pensamiento y lenguaje. Según Vygotsky, en un principio el pensamiento y el lenguaje se desarrollan por separado (el niño muy pequeño aprendería por un lado a pensar y por otra a hablar) pero a medida que se van desarrollando, “el pensamiento se verbaliza y el lenguaje se intelectualiza”, de manera que acaban siendo prácticamente lo mismo. Esto puede llevar a formas diferentes de hablar que conllevan también formas diferentes de pensar, pero una cosa no determina otra, sino que se trata de una influencia mutua.

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