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Los temas más frecuentes por aquí son psicología, neurociencia y medicina; aunque de vez en cuando meto las narices en otras aguas, e incluso puede que se me escape alguna que otra cosa de carácter más personal. De cualquier manera, las diferentes categorías te servirán para dirigirte a los temas que más te interesen.

Aunque se trata de un blog personal, intento ser lo más objetivo posible en lo que publico. Aún así, trato de dejar claro cuándo lo escrito refleja mi opinión particular, la cual puede estar (o no) de acuerdo con el texto. Asimismo, tu opinión es bienvenida siempre que sea respetuosa con el resto de comentarios. Estos son siempre agradecidos.

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¡Nos vemos!

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El café de la mañana

Hace un par de días mantuve una conversación con un amigo por Twitter acerca del café. Terminó conuna arenga para retomar el blog, lo cual agradezco, la verdad, porque esto ha estado (justificadamente) abandonado las últimas semanas.

Así que esta entrada se la dedico a él.

Total que, taza en mano, me dispongo a abordar el tema del café, la cafeína y por qué nos activa.

El efecto estimulante del café se deben a la cafeína, que es la principal sustancia psicoactiva del producto. Y tiene que ver principalmente con su acción sobre los receptores de adenosina en la membrana neuronal. Especialmente los receptores A1 y A2A.

Receptor de adenosina A2A

La activación de estos receptores en el cerebro ralentiza la actividad metabólica y reduce la liberación de neurotransmisores como la dopamina o el glutamato 1. Cuando la adenosina se libera, su efecto resulta en una reducción general de la actividad neuronal y la consiguiente sensación de somnolencia.

De esta forma, la adenosina facilita la entrada en el ciclo de sueño.

Otra de sus funciones, por ejemplo, es la de dilatar los vasos sanguíneos, probablemente para aumentar la cantidad de oxígeno que llega al cerebro durante el sueño.

La cafeína actúa principalmente como antagonista de los receptores de adenosina. Es decir, cuando la cafeína está presente, la adenosina es incapaz de ejercer su efecto, lo que impide esa sensación de somnolencia.

Usurpación de los receptores de adenosina por parte de la cafeína (Fuente: The Chemical Brain)

Ese es el principal motivo por el que el café nos mantiene alerta.

Sin embargo, la cosa nunca es así de simple con las drogas. ¿Por qué unas personas parecen necesitar un café cada tres horas, mientras otros no pueden tomarse uno después de comer sin poder pegar ojo hasta las 2 de la mañana?

Parte tiene que ver con la genética, claro. Pero asumida la influencia de los genes, la principal causa es la tolerancia.

Como las complejas sustancias químicas que son, las drogas pocas (o ninguna) vez tienen un efecto único. Más allá del efecto concreto por el que se consuman (desinhibición, aumento de alerta, aumento de energía…), sus propiedades afectan nuestra fisiología de diversas formas, provocando diferentes consecuencias que alteran desde el sistema nervioso central hasta el sistema digestivo, hormonal o cardiovascular.

Y del mismo modo que tienen distintos efectos, se puede desarrollar distinta tolerancia a cada uno de ellos.

Así pues, una persona puede desarrollar una rápida tolerancia al incremento en la alerta que provoca la cafeína, pero no al aumento de la presión arterial. O al revés, gente que no siente los efectos taquicárdicos de la cafeína pero puede sobrellevar el día únicamente con un café por la mañana.

La tolerancia a los efectos estimulantes de la cafeína se deben a la neuroadptación que tiene lugar en el cerebro.

A medida que se consume más cafeína, dos procesos ocurren: por un lado, el cerebro comienza a producir menos adenosina. Por otro, genera más receptores para hacer frente a este aumento en la demanda que representa la cafeína, lo que da lugar a un círculo vicioso en el que cada vez más cafeína es necesaria para obtener el mismo efecto que se obtenía al principio del consumo.

Cuando se deja de consumir cafeína, muchos de esos receptores creados específicamente para cubrir la presencia de la cafeína se quedan huérfanos, por lo que el proceso contrario ocurre: se produce la adenosina suficiente para cubrir la oferta de receptores, lo que facilita una respuesta de somnolencia mucho mayor de la que se daría en una situación normal.

Existen más variables que participan en esta relación café-estado de alerta. Por ejemplo, la fuerza del hábito.

Una persona que consuma café de forma habitual puede llegar a un punto en el que un café no le suponga un estado de alerta aumentada. Puede percibir que «no le afecta». Sin embargo, esto no es así. Como comentaba antes, la tolerancia se desarrolla de manera diferente a los diferentes efectos.

Otras cuestiones interesantes alrededor del café (ya no solo la cafeína) tienen que ver con el mejor momento para consumirlo, o los efectos positivos 2,3 y negativos 4 de su consumo.

Para terminar os dejo un vídeo de los geniales ASAP Science, en el que explican de forma más gráfica lo expuesto aquí.

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